Paredón: cien años de la batalla
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El Gobierno de Coahuila conmemorará este año los centenarios de las batallas revolucionarias de Torreón, San Pedro y Paredón.
Paredón, municipio de Ramos Arizpe, tuvo una estación ferroviaria del Ferrocarril Central Mexicano, también llamado Monterrey al Golfo de México, con gran movimiento de carga y pasajeros. Ahí llegaban los trenes del ferrocarril Torreón-Paredón-Monclova, después extendido a Cuatro Ciénegas, y se conectaban con otros cuyo destino era Matamoros. Asimismo, el ferrocarril de Paredón a Tampico pasando por Monterrey.
Además de escenario de una batalla revolucionaria, la estación fue un detonante del desarrollo económico regional. Las rancherías aledañas podían transportar con rapidez sus productos agrícolas y ganaderos hacia otros lugares y era un adecuado medio de transporte para sus habitantes. La privatización de Ferronales acabó con Estación Paredón. Ahora luce desolada, y no obstante los esfuerzos de algún gobierno municipal de convertirla en un museo del ferrocarril, está abandonada, con su típico edificio restaurado pero convertida en cementerio de una vieja máquina y algunos vagones desvencijados estacionados en sus patios de vías truncas, y unos cuantos instrumentos y herramientas ferrocarrileros.
El tren tuvo lugar protagónico en la Revolución Mexicana. Los jefes revolucionarios tanto como los federales, incautaban los trenes para usarlos como cuarteles generales móviles, de tal modo que la suerte de los bandos en pugna dependía del dominio de las estaciones y de los trenes. En las primeras instalaban sus campamentos, y los segundos eran utilizados para el traslado de las tropas. De hecho, las estampas clásicas de la Revolución son las imágenes de los trenes cargados de tropas y soldaderas, y los campamentos revolucionarios instalados en los techos de los vagones. Don Venustiano Carranza, ya en el poder, decretó la intervención del Gobierno en los Ferrocarriles Nacionales de México, pero los trenes siguieron siendo utilizados para satisfacer las exigencias de la campaña militar en materia de transporte. El propio gobierno carrancista hubo de terminar sus días a bordo de un enorme convoy obligado a detenerse en un punto sobre la ruta entre Veracruz y la capital. En él viajaban el Primer Jefe y sus funcionarios con los archivos y los bienes de la Tesorería de la Nación. El presidente Carranza fue asesinado al pernoctar en un lugar cercano al tren, en Tlaxcalantongo.
En Paredón tuvo lugar una batalla revolucionaria cuyo triunfo permitió a las tropas constitucionalistas avanzar hacia el sur. Después de la toma de Torreón, Pancho Villa se dirigía con sus Dragones de la División del Norte a tomar Saltillo. Los federales habían destruido unos 20 kilómetros de vía y se habían instalado unos 5 mil soldados en la estación de Paredón, y en lugares cercanos otros 10 mil. La caballería villista arrasó todo a su paso en pocos minutos, y gracias a las previsiones tácticas de Villa al mandar un batallón al lugar llamado Zertuche para cortar el paso a los federales, sólo pudieron huir unos cuantos, como se dice, a uña de caballo. Los vencidos perdieron el 70 por ciento de sus hombres, y hubo entre ellos más de 500 muertos, incluidos los tres jefes que comandaban las tropas federales.
Con la próxima conmemoración, Paredón revalidará su importancia en la ya casi olvidada historia del ferrocarril en México y confirmará la página que escribió la historia de la Revolución de 1910 en su estación ferroviaria, inmortalizada en uno de los más célebres corridos revolucionarios, el Siete leguas:
Oye tú, Francisco Villa, ¿qué dice tu corazón?
¿Ya no te acuerdas, valiente, que atacaste Paredón?
edsota@yahoo.com.mx