Coahuila: Violencia de género, una conducta muy extendida
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Las agresiones de que son objeto madres y abuelas, por parte de sus hijos o nietos, deben ser denunciadas sin excepción, pues solo así irá disminuyendo la incidencia
La violencia que históricamente han padecido las mujeres constituye uno de los rezagos relevantes de la sociedad moderna. Y, como se ha dicho en repetidas ocasiones, para remontar la situación actual es preciso tener claro, en primer lugar, que estamos ante un problema de carácter cultural.
Por la misma razón, resulta indispensable visibilizar los elementos que componen el fenómeno a fin de comprender su naturaleza e instrumentar acciones eficaces en el propósito de neutralizarlos. Y para ello, una de las herramientas indispensables es el seguimiento permanente de variables específicas.
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En otras palabras, la estadística representa un instrumento de enorme valor para, en primer lugar, dimensionar el tamaño del problema y, enseguida, medir la eficacia de las estrategias implementadas desde las instituciones públicas. Y uno de los aspectos en los cuales nos ayuda la estadística es el de identificar con claridad las distintas aristas del problema.
El comentario viene al caso a propósito del reporte que publicamos en esta edición, relativo a la incidencia de casos de violencia perpetrados en contra de madres de familia, pero en los cuales quien o quienes actúan como violentadores son los hijos o los nietos.
Porque, como lo ha dado a conocer la titular de la Secretaría de la Mujer, Mayra Valdés, no todos los episodios de violencia que sufren las mujeres derivan de agresiones de sus parejas. Y aunque los episodios de violencia provocados por hijos y nietos no sean los más frecuentes, resultan relevantes por el impacto emocional que implican.
De acuerdo con la funcionaria, durante 2025 se registraron en Coahuila 356 casos de mujeres que acudieron a los Centros de Empoderamiento y a los Centros Libres para la Mujer con el fin de denunciar este tipo de violencia. Estamos hablando de prácticamente un caso diario.
Conviene aclarar, sin embargo, que la cifra anterior refleja solamente los casos en que las madres o abuelas han decidido pedir ayuda institucional y que en este tipo de conductas existe la denominada “cifra negra”, constituida por muchos más casos que no se denuncian.
Y eso ocurre porque, como ya se dijo, se trata de un problema cultural. En México, debe decirse con toda claridad, las mujeres fueron largamente “educadas” para tolerar los abusos, no solamente de sus parejas, sino también de sus hijos, y ello ha conducido a la normalización de las conductas violentas que son desplegadas en contra de ellas.
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Así pues, lo que puede decirse en torno a la violencia ejercida contra madres y abuelas es que, por el volumen de casos denunciados, claramente nos encontramos en una etapa temprana del cambio cultural que se requiere para convertir a dicha conducta en la excepción.
Habrá que perseverar en ese camino, lo cual se traduce en profundizar la cultura de la denuncia y del rechazo, sin ambigüedades, a todas las manifestaciones violentas.