Periplo papal en Medio Oriente
COMPARTIR
Fueron importantes las palabras.
Pero lo que más recordarán en Medio Oriente serán las acciones de Francisco, sucesor del apóstol Pedro, Obispo de Roma y actual Pontífice en la Iglesia. Su habitual cordialidad y atención especial a los más pobres y necesitados: Visitar el monumento que recuerda las víctimas del holocausto. Plantar un árbol de olivo, símbolo de paz, en el huerto de Getsemaní. Visitar el santo sepulcro y el calvario acompañado del patriarca ortodoxo Bartolomé. Dejar en el muro de las lamentaciones la oración del padre nuestro, escrita de su puño y letra en español. Y, frente a ese muro, el abrazo improvisado al musulmán y al judío que lo acompañaban.
Sus mensajes hablaban de unidad, de reconciliación, de perdón, de paz. Fomentaron una vergüenza por las violencias políticas y religiosas que han surgido en la región. Recordaron sus frases las raíces comunes y la única paternidad divina ante la que toda división, separación y oposición fraternal es una discordancia.
El haber invitado a los dirigentes de Israel y Palestina a un diálogo en Roma enciende una gran esperanza de que, al fin, puedan establecerse las dos naciones con límites bien determinados y en una actitud de mutuo respeto para una convivencia pacífica, después de tanto encono y animadversión no superada.
Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. Ellos creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso. El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado, luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi.
El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza. Es original este arte japonés que repara con laca de oro y plata. El objeto ahora es más bello por haber estado roto.
Son muchas las heridas de la guerra entre palestinos e israelitas para definir sus espacios y sus fronteras. Francisco ha dejado abierto el horizonte de la esperanza. Quizá el Medio Oriente
llegará a gozar de una paz restablecida y embellecida por la reconciliación. Podrá ser una convivencia ejemplar por haber convertido sus heridas en cicatrices de reciedumbre y esplendor