Las ciudades tontas
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En cualquier parte del mundo a donde vayas encontrarás siempre una ciudad cuyos habitantes tiene fama de ser tontos, por no decir otra palabra de mayor peso y entidad.
En España, por ejemplo, hay una población llamada Lepe que arrastra desde tiempo inmemorial ese penoso sambenito. Abundan los chistes de leperos en que aparecen éstos diciendo o haciendo grandes tonterías. Los gallegos deben cargar también injustamente la tacha de ser cortos de entendederas. Eso se explica por la pobreza que alguna vez reinó en Galicia. Los más pobres habitantes de esa preciosa tierra emigraban a Madrid. Ahí los hombres se ocupaban en los oficios más humildes -mozos de cuerda, serenos, aguadores-, y eso hacía que se les concediera escasa capacidad mental. Se generalizó la idea, y aún en nuestros días los cuentos de gallegos destacan esa supuesta falta de cacumen. Mentira grande es ésa, pues pocos pueblos hay tan sensibles y lúcidos como el de Galicia. La relación de sus talentos, tanto en el campo del arte como en el de la ciencia y los asuntos públicos, llenaría muchos tomos de tomo y lomo.
En Praga escuché hablar de la ciudad checa que tiene fama de ser lugar de tontos. Esa ciudad se llama Velvary. Cuando se construyó el puente de Carlos, sobre el Moldavia, uno de los más hermosos lugares de la bellísma capital barroca, los constructores pidieron a todos los habitantes del reino que enviaran huevos, cuyas claras harían más fuerte la argamasa usada en la obra. Los habitantes de Velvary, temerosos de que durante el largo viaje a Praga los huevos se quebraran, los mandaron cocidos.
En nuestro país abundan las poblaciones con fama de tener gente de caletre reducido. Los yucatecos y los campechanos se lanzan mutuamente tal acusación, y unos a otros se endilgan díceres como aquel muy manido de Se pintan casas a domicilio.
En Sinaloa hay una ciudad, de cuyo nombre no quiero acordarme, cuyos pobladores cargan el inri de ser tontos. Se dice que cuando llegó a esa ciudad un camión del Servicio Panamericano, empresa de seguridad privada, la gente hizo cola ante el vehículo para comprar pan americano.
Otras ciudades tienen nombradía no por sus tontos, sino por sus locos. En Tamaulipas hay un municipio en donde, según se dice, abundan tanto los orates que el Pollo Loco se anuncia ahí como Pollo de la región.
La verdad es que en todas partes hay tontos, locos y tontilocos. Nadie presuma de no serlo, pues bien pronto la vida se encargará de contrariarlo. Además es bueno llevar una pizquita de tontedad, o simularla. Dice una antigua copla: Si quieres llegar a viejo / en forma reglamentaria, / debes hacerte pendejo / al menos una hora diaria. Yo alargo esa hora lo más que puedo, para alargar mi vida todo lo posible.