Perros literarios
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Mis textos sobre los felinos, sobre los gatos, fueron bien acogidos
Atentos lectores se han comunicado con este escritor para exigir, sí, así, exigir, no pedir, una columna sobre canes, sobre perros; ese animal llamado el mejor amigo del hombre. Mis textos sobre los felinos, sobre los gatos, fueron bien acogidos y me llegaron comentarios pero también reclamos de que hay un segmento de seres humanos que no tienen gatos, sino perros, mastines, como compañeros en sus residencias y andanzas.
Les doy la razón. No pocas veces se confía más en una animal noble de este tipo, sean perros o gatos, que en un ser humano. Muchas ocasiones es tal el cariño, apego, solidaridad y paciencia del animal con su dueño, que sin duda cuando la mascota muere, es una tragedia familiar como si se fuese un miembro más de la familia.
Para desgracia de todos, los pobres perros tienen también tras de sí un hálito de ingratitud y digamos, mala leche y en honor a la verdad, en ocasiones fama bien ganada. Usted lector debe de recordar allá por las lunas de marzo o abril de 2010, cuando en una escaramuza verbal âcomo siempreâ entre panistas y priístas, y cuando era diputado local el panista Carlos Orta âhoy encimado en el organigrama municipal de Chilote López Villarrealâ definió a las pobres familias de Coahuila que reciben apoyos del PRI, como perritos. Es decir, dijo, recibían su hueso.
Nada nuevo. Así es el deslenguado Carlos Orta. Todo mundo ya lo conoce. Pero, dejamos al boquiflojo panista que no divierte ni entretiene como animador de la política doméstica âsu fama llega hasta los límites de Ramos Arizpe, allí se la mata Ernesto Saroâ y entramos en materia canina. Va a vuela pluma un rápido asedio hermenéutico. Situación que por lo demás, estoy seguro que mi compañero columnista, el erudito Alfredo García Valdez, puede complementar soberbiamente, debido a mi poca capacidad al respecto. Iniciamos pues.
Don Miguel de Unamuno, ibérico él, escribió: Pero, dime, Orfeo. ¿No se os ocurrirá alguna vez a los perros creeros hombres, así como ha habido hombres que se han creído perros? Situación nada menor el planteamiento del sabio español. Es el mejor amigo del hombre, tal vez lo sea, pero este columnista no tiene mascota ni animal en casa por un motivo, puede ser sana la dicha convivencia, pero los animales nacieron para ser libres y depende de su temperamento, para que sean herbívoros o carniceros. Pero no para estar en las faldas de los humanos.
Esquina-bajan
Es patético ver entonces, a esmirriadas actrices de la farándula nacional e internacional que cargan y apapachan adyacente a su voluminoso pecho, perros llamados chihuahueños âmás parecidos a un roedorâ que emiten una especie de chillidos, poco parecidos a ladridos feroces. Belinda, Paris Hilton y Madonna los cargan como si fuesen bufandas, bolsas Fendi o un gadget de última generación; de hecho, lo son.
En la ciudad de Xalapa, Veracruz, los ciudadanos dan fe de la siguiente estampa literaria: en la ciudad todo mundo conoce al Premio Cervantes, Sergio Pitol. Al pasar le saludan, mientras el maestro lleva en sus manos varias correas, tres para ser exactos, sujetando una verdadera jauría que jamás escapa de sus manos. Son sus canes de casa, a los cuales los trata con deferencia y cariño.
Y es que la relación de los escritores con sus perros, es larga e histórica. Tanto o más como la relación de priistas y panistas en México. Una novela de la muy conocida escritora Virginia Woolf, versa toda su trama sobre las aventuras de un perro, y justamente la novela se llama Flush. En alguna edición dicho texto está prologado precisamente por el maestro Sergio Pitol. Quién no recuerda aquel texto de Agatha Christie, El sabueso de los Basckerville. Pero no menos inolvidable es el perro Kashtanka, de Chejov o bien Bauschan de Thomas Mann.
Letras minúsculas
En la novela El Viajero del Siglo, Andrés Neuman bautiza a un perro como Franz, quien tiene igual peso que otros de sus personajes.