Futbol, encuestas, reyes y debates parlamentarios
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Hay actores políticos y mediáticos mexicanos que pontifican desde la prehistoria de la comunicación. Sostienen que el campeonato mundial de futbol, al ocupar desde la semana próxima buena parte de la atención de los medios, será una cortina de humo para que un bloque mayoritario en el Congreso pueda aprobar sin problemas la legislación secundaria de las reformas constitucionales en materia de energía y telecomunicaciones.
La expansión del cine, la presencia de la radio en las vidas cotidianas -y el deslumbramiento de la televisión que nacía- llevaron en el pasado a moralistas y políticos a hacerse cruces sobre lo que estarían haciendo los medios con la gente. Pero desde el último tercio del siglo XX hasta nuestros días, los estudios en este campo establecen qué hace la gente con los medios, y no sólo qué hacen los medios con la gente.
La función narcotizante que se les atribuyó a los medios décadas atrás, cedió su lugar al reconocimiento de audiencias activas que usan los contenidos de los medios y/o se gratifican con ellos, sin que al hacerlo caigan bajo el control de poderes ocultos de la política y los negocios que acechan tras cada imagen mediática, y sin que las invada el conformismo y la pasividad, como droga trasmitida por una inyección o por una bala mágica, como se ilustraban los supuestos efectos de los medios en los albores de la comunicación pública
De conspiraciones
Seguro la monarquía española no precipitó el lunes la abdicación del rey Juan Carlos con la ilusión de que el inminente torneo de Brasil adormezca las voces antimonárquicas. Y parece claro que las protestas de estas semanas en 50 ciudades del país sede de la Copa mundial, echan por tierra la vieja simplificación de que las contiendas deportivas y su espectacularidad mediática generan inmovilidad en las conciencias.
Sólo aquí parece creerse en una conspiración del gobierno y los grandes medios de comunicación para realizar este mes un debate legislativo calendarizado para ocurrir meses atrás, y postergado precisamente por la presión de las mismas voces que ahora reprochan la recalendarización del debate para estas semanas. Pero si el proceso legislativo concluye este verano, no será por su coincidencia con el Mundial, sino por los acuerdos de la representación política nacional, la incapacidad para impedirlos de las posiciones y los intereses resistentes al cambio y el agotamiento de un debate de lustros sobre estas reformas pendientes.
Encuestas
Un simplismo similar puede observarse en las consecuencias que se precipitan sobre la reducción de la aprobación presidencial en las encuestas. Pero el problema no está en la disminución de ese capital político, sino en saber si se malgastó, se acumuló a costos exorbitantes, se guardó de manera improductiva o se invirtió adecuadamente.
Por ejemplo, el presidente Fox atesoró el capital de su victoria histórica sin exponerlo frente a los intereses opuestos a las reformas que hubieran cimentado una transición más productiva para la democracia. Y el presidente Zedillo fundó su aprobación en la desaprobación de su antecesor, un presidente (Salinas) identificado con el PRI y con el auge del reformismo mexicano de la última década del siglo pasado, con el costo de arrastrar, en adelante, a la condenación, todo programa reformista y a su propio partido.
En cambio, el presidente Peña expuso el capital que le dieron el Pacto por México, las grandes reformas constitucionales y la determinación con que enfrentó las resistencias al cambio en el sindicato magisterial, en aras de concretar esas reformas en leyes reglamentarias. Dejó pasar todas las oportunidades de recuperar la aprobación disminuida, con golpes de desaprobación fundados en los saldos de corrupción e inseguridad dejados por gobiernos panistas y perredistas, con tal de no poner en riesgo los acuerdos reformistas. Y será el tiempo el que diga si esa inversión de capital político fue productiva para el país, para su partido y/o para su legado histórico.
(El autor es director general del Fondo de Cultura Económica)