Ciudad de topes y boyas

Opinión
/ 5 julio 2014
true

Saltillo es una ciudad boyante. Ciertamente, una ciudad próspera, adelantada, florecida, progresista, desenvuelta, importante, y también feliz y afortunada, aunque todo parece indicar que hace tiempo dejó de ser rica. Sin embargo, es también boyante porque simple y llanamente sus calles, avenidas y bulevares principales, y a veces no tanto, están llenas de boyas metálicas, esas hileras de medias bolas amarillas con las que se topa uno en todos lados al conducir, además de los bordos o reductores vehiculares.

Sí, es increíble, pero en Saltillo, el tránsito, cuando no es manejado por ineptos agentes que entorpecen el flujo automovilístico en lugar de hacerlo ágil, se maneja mediante boyas o tortugas metálicas clavadas en el suelo generalmente cerca de las bocacalles. Y lo peor es que son usadas para tapizar y delimitar, mediante muchas hileras juntas, los espacios en los que se quiere prohibir el paso de automóviles. Por ejemplo, y con el objeto de que solamente sea utilizado por los vehículos que darán vuelta en U y no por los que darán vuelta a la izquierda unos metros más adelante, el carril izquierdo de algunos bulevares tiene tapizada la parte posterior a la vuelta en U con varias hileras de boyas. Si el conductor no conoce esta mala costumbre, y toma dicho carril, después del espacio de la vuelta en U al término de la bocacalle se topará con el tramo minado sin que pueda evitar transitar sobre las boyas con los consiguientes problemas para su vehículo. ¿Qué hace usted cuando se topa con una o dos hileras de boyas en una calle? Simplemente disminuye la velocidad de su vehículo y pasa sobre ellas. Pero, poco puede hacerse cuando en un carril y sin ningún señalamiento, usted se enfrenta a un tramo lleno de boyas o tortugas casi del color del pavimento porque han perdido su original color amarillo. Esta costumbre de tapizar espacios con boyas inició hace más de una década en la ciudad. Antes de eso, se les daba únicamente el uso universal como piezas que sirven para detener el movimiento de otras, en este caso, para aminorar la velocidad de los vehículos automotores, es decir, como topes.

Esta nueva administración municipal está construyendo en las calles una gran cantidad de esos nuevos bordos, creo llamados reductores de velocidad, es decir bordos construidos de acuerdo a la normatividad y que no inducen daños a los vehículos ni al medio ambiente, contrario a los bordos altos, angostos y mal hechos que provocan además de daños, frenazos y arrancones de vehículos. Eso está muy bien, pero no que en una bocacalle pongan el bordo reductor en la arteria de un solo sentido, y en la de doble sentido que la cruza instalen de un lado y del otro la consabida hilera de boyas. ¿Será que dichos artefactos están a precio de oferta si se compran por mayoreo? Por otro lado, es increíble en este tema el tesón de personas desconocidas que insisten en retirar algunas de las piezas en las hileras de boyas a la distancia exacta de las llantas de un vehículo para dejarle libre paso. El Municipio las repone y la gente las retira, una y otra y otra vez. ¿Quién se cansará primero?

Si las autoridades municipales se ven en la necesidad de poner bordos y topes es porque los conductores no respetamos el límite de velocidad establecido en las arterias. Lo recomendable es no exagerar, ni unos ni otros.

edsota@yahoo.com.mx




Profesora de Lengua y Literatura Española. Dirigió el departamento de Difusión Cultural de la Unidad Saltillo de la UAdeC. En 1995 fue invitada por la Universidad Tecnológica de Coahuila, unidad Ramos Arzipe, para encargarse del área cultural, que incluía la formación del Centro de Información y cuatro años más tarde vendría la fundación del Centro Cultural Vito Alessio Robles, recinto que resguardaría la biblioteca de su padre, y donde hasta hoy labora.

COMENTARIOS

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM