Automotriz nacional (1)
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El ejercicio era simple y alentador, aún fresco en la memoria. Me posicionaba en los escalones que daban entrada a la casa paterna de Castelar, y Chita âmi madreâ me enseñaba las marcas de los autos que pasaban por las tardes; un evento raro, ya que ella no sabía manejar en ese entonces y yo tendría unos 6 años de antigüedad en esta tierra.
No sé si ello influyo o sea casual, pero a la fecha tengo casi 3 décadas laborando en compañías que fabrican autopartes para vehículos de manufactura extranjera. ¿Y qué le queda a usted hacer ante mi terquedad?, en caso de continuar la lectura, le recordaré aquella maravillosa época en que existieron autos y camiones cien por ciento mexicanos. Iniciamos el recuento como la lotería: con el corre y se va corriendo.
Autobuses Peña.- A partir de 1965, Automotriz Peña S.A. de C.V., administrada principalmente por Don Ricardo Peña en plena avenida Universidad en Monterrey, inició la fabricación de estos singulares camiones de pasajeros basados en los modelos GMT 4106, es decir chatos y con motor diésel. Su principal cliente fueron los Autobuses Anáhuac y Blancos, y los caminos de Coahuila a San Luis Potosí y México se vieron transitados por esos peculiares armatostes de doble joroba prácticamente hasta que se convirtieron en chatarra. El último fue producido en 1984.
Sultana.- Producidos por Tráiler de Monterrey, al lado del edificio de los Peña, estos ómnibus de pasajeros de 13 metros de largo fueron utilizados por diversas líneas, adquiriéndose el modelo Imperial en sus versiones 8, 11 y 15, los últimos con suspensión de aire y que contaban con aire acondicionado y baños en la parte posterior. Tuvieron su época entre los años 60 y 70 del pasado siglo, y cuando nos tocó transitar esos caminos a Piedras Negras, sus unidades solo se mantenían porque Dios es inmenso en bondad. Era común ver el desfile de autobuses descompuestos entre Saltillo y Monclovita, sobre todo los viernes, con todos los estudiantes de visita a sus lugares de origen.
Ramirez.- Estos tráilers eran fabricados por la misma empresa que hacia los Sultana, fundada en 1957 por la familia de ese apellido, empresa que pronto se convirtió en un símbolo para la transportación de personas y mercancías en Mexico y Estados Unidos. Vehículos con diseños innovadores en su aerodinámica, carecían de comodidades en la cabina, a lo que los traileros referían: Si es Ramírez, ni lo mires.
Un producto extraordinario fue la camioneta Rural 750, que contaba con doble tracción y una fortaleza en su chasis que la hacía favorita para las cacerías y el tránsito en lugares de difícil acceso.
Debido a la competencia y falta de innovación, la fábrica de tráilers fue cerrada y su plataforma fue vendida a lo que hoy es Navistar, en Escobedo, Nuevo León.
Actualmente el grupo es propietario de varias fábricas de autopartes como Vortec y se posicionó en esa industria con gran calidad y fama.
La fabricación de automóviles, y más de camiones, refiere una derivación de proveedores que se multiplican geométricamente a fin de abastecer las miles de partes que conforman un auto o un tráiler, en ese segmento nuestro país es, a la vez de pionero, maquilador, y nuestra mayor fuerza productiva y económica.
Según datos de la Industria Nacional de Autopartes (INA), en el 2014 la producción de partes automotrices en México sumaría 81 mil 400 millones de dólares, las exportaciones serían por 56 mil 600 millones de dólares y las importaciones totalizarían 36 mil millones de dólares, además de emplear a más de 1 millón 40 mil personas. Continuará.