Cambiar espejitos por oro
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Ante la incredulidad de propios y extraños, la noticia se esparció como reguero de pólvora: “Ronaldo de Assis Moreira, mejor conocido en el mundo del futbol como Ronaldinho Gaúcho, ha sido contratado en el balompié mexicano y jugará para el Querétaro” ¡Órale!
Es muy probable que ningún otro jugador haya llegado a nuestro país con un palmarés tan impresionante, baste mencionar que es uno de los muy pocos que puede presumir haber ganado: la Copa del Mundo, La Champions y la Libertadores, lo que lo convierte en un histórico de nuestro querido deporte.
Por un lado está la cuestión comercial y mediática que me parece resultará todo un éxito, sobre todo en los primeros meses, razón por la cual debemos estar preparados para ver al astro brasileño “hasta en la sopa”: lavándose sus característicos dientes con algún conocido dentífrico, o ingiriendo una bebida refrescante o bien depositando sus cuantiosas ganancias en algún banco.
Sin embargo, esta espectacular contratación, que aparentemente ha desatado la felicidad colectiva, en lo personal me genera más dudas que certezas.
Todo parece indicar que le dieron las perlas de la virgen para ficharlo y no sé en qué medida alcancen a recuperar su inversión.
A sus 34 años, ya no es la estrella refulgente que nos hacía vibrar defendiendo la casaca del Barcelona y con el scratch du oro; aunque quizá queden “polvos de aquellos lodos”.
Digo, si siguiera siendo tan bueno lo hubieran fichado en Europa “no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después”. Ojalá y que alcancemos a disfrutar todavía de algunas de sus genialidades.
Esta fuera de forma y ritmo; en virtud de que, no se ha estado entrenando con regularidad y lleva varios meses alejado de las canchas, lo que nos hace suponer que su debut no será inmediato y le tomará tiempo declararse en un nivel competitivo.
Para nadie es un secreto que no es un futbolista dedicado, que se cuide y entrene a tope; al contrario, se sabe que: le gusta la noche, no ve con asco el alcohol y las faldas son su delirio.
Para acabarla de amolar le firmaron un contrato que lo vincula al club dos años, por lo que no sería raro que de repente se tire a la hamaca, pase lesionado varias semanas y que juegue cuando quiera. En mi humilde opinión vino a México... a cambiar espejitos por oro.
ebrizio@hotmail.com