Informe y vuelta al DDF

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Opinión
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Por Maite Azuela

El tema de los autos estacionados sobre el Zócalo es sólo una figura simbólica de lo que puede representar el informe en términos de posicionamiento político del poder federal sobre la ciudad de México.

Sin apresurarme a sacar conclusiones creo que por lo pronto vale la pena al menos señalar un par de elementos que rememoran aquellos tiempos en los que el Distrito Federal era un Departamento que dependía del Ejecutivo. El hecho de asumir públicamente su total responsabilidad sobre el uso de un espacio que está bajo el resguardo del gobierno de Miguel Ángel Mancera es completamente consistente con varios de los anuncios que realizó Enrique Peña Nieto a todo pulmón, los cuales indiscutiblemente involucran no sólo territorio del Distrito Federal, sino que suponen la implementación de políticas públicas que implican al gobierno local.

Si quisiéramos resaltar las promesas más relevantes, podríamos seleccionar la renovación del programa Oportunidades por Prospera, la ampliación de líneas del Metro, la construcción de un aeropuerto y de un tren, así como el compromiso de no elevar los impuestos. Además, incluye en su discurso la necesidad de impulsar un salario digno. ¿Es casualidad que tres de sus propuestas se verán materializadas en el Distrito Federal y que una de ellas haya sido iniciativa del jefe de Gobierno de DF?

Muchos gobernadores celebran el informe, ninguno se muestra consternado al ver que el gobierno federal puso énfasis en la zona metropolitana ¿No vendría bien destinar ese tipo de inversiones a estados que no cuentan siquiera con una línea de Metro? Supongamos que al DF le resulta muy atractiva la inversión y que un nuevo aeropuerto o un tren que conecte a Toluca con el Distrito Federal hayan sido demandas prioritarias calculadas por el propio gobierno del Mancera, ¿era el informe presidencial el espacio para hacer pública la prioridad de Peña Nieto de desarrollar infraestructura urbana en el DF?

Fue un informe con doble mensaje para la izquierda. Por un lado Enrique Peña Nieto se hace acompañar de Miguel Barbosa y Silvano Aureoles, quienes presiden la Mesa Directiva del Senado y la Cámara de Diputados respectivamente. Barbosa con más distancia que Aureoles, pero ambos sumaron palmadas a los aplausos masivos que resonaron en Palacio Nacional. La idea de acercamiento con la izquierda se puede ver concretada. Por otro lado, se apropia de un espectro de acción política que de facto le corresponde a Mancera. ¿El anuncio habrá sorprendido al jefe de Gobierno del DF como nos sorprendió a algunos capitalinos? ¿Se restablecerá una relación pactada de codependencia administrativa entre el DF y el Poder Ejecutivo?

Lo que sin duda habrá que medir una vez que las promesas peñanietistas se hagan realidad en el territorio de la ciudad es el impacto que pueden producir sobre la opinión pública en beneficio del PRI. Quizá el tricolor ha estado calculando la importancia que tiene recuperar y mantener el control político sobre el Distrito Federal.

Más vale pedir perdón que pedir permiso, el zócalo capitalino fue tomado de última hora por el Estado Mayor Presidencial. ¿Qué estará esperando la izquierda para darse cuenta de que la intromisión no se limitará a espacios simbólicos, sino que ira conquistando ámbitos de política pública en los que han ido cediendo el liderazgo?

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