De Rosendo a Rosendo

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Opinión
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El 22 de marzo de 2004, Rosendo fue nominado para recibir un reconocimiento especial en la ciudad de Washington, D.C., por su notable trabajo como Embajador para la Paz.

Este Rosendo, nunca de apellido Villarreal, ingresó al PAN en 1963. Vivía en Monclova y trabajaba en su taller reparando lavadoras y aparatos electrodomésticos.

El día 15 de octubre de 1987, días antes de las elecciones, a las 7:30 de la noche, fue secuestrado por policías judiciales con estas palabras; te vamos a violar y luego te vamos a matar cabrón.

Horas más tarde, Rosendo fue encontrado desnudo en un paraje desértico, vendado de ojos, atado de pies y manos, con un brazo roto, ambas piernas fracturadas, heridas producidas por arma punzocortante, varias costillas rotas, y golpes en la espalda realizados con un bate de beisbol.

Mientras dos patrullas policíacas permanecían a 60 metros de distancia, los amigos de Rosendo lo rescataban; el primero le cortaba los mecates que le ataban pies y manos; el segundo le ponía una camiseta en forma de almohada para que se recostáse, y el tercero le cubría con un paño su genitales amoratados y ensangrentados. Rosendo respiraba con dificultad, parecía muerto.

En esos momentos, este grupo de panistas a ultranza, forjado en los principios de Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna, podría haber estado representado, sin pensarlo, la misma pasión de Cristo.

La mística de esos viejos militantes, hoy en desuso, les obligaba a pensar, cual sinarquistas delirantes o católicos radicales, en que las patrias se salvan como se salvan los hombres. Por ello, era importante no olvidar que quienes han salvado a la humanidad en todas sus crisis, en todos sus problemas, son aquellos que han sabido recibir serenamente el martirio, superar el dolor con la esperanza, con la certeza de que ese episodio pasajero quedaría sobrepasado y dominado por la salvación futura, definitiva y substancial.

¿Cuántos de los pragmáticos neopanistas locales, integrantes de la llamada familia feliz, como Jorge Rosales Talamás, Carlos Orta, Isidro López, Ernesto Saro y Jorge Rosales Saade entenderán desde sus raíces estas palabras?

Rosendo resurge de esta experiencia de tortura armado de congruencia moral: Me he propuesto ahora, más que nunca, actuar como un ciudadano cristiano responsable de los destinos de mi patria. Como laico católico acepto y hago mía la directriz que nos han trazado nuestros Obispos quiénes nos dicen que debemos asumir el deber moral de intervenir en la acción política y en la organización de la vida social, defendiendo la verdad del voto, utilizando siempre los medios pacíficos. En fidelidad a las enseñanzas de Jesús, hago mía la oración del Señor para quienes me golpearon injustamente: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

Y concluía su resurrección de esta manera: Exhorto a mis amigos, para que éste domingo nos presentemos en las urnas con la credencial permanente de elector en la mano, y, sin más armas que la vida misma.

¿Cuántos de esos neopanistas locales entienden y encarnan dicha actitud que es esencia y linaje del panismo fundacional?

En su momento, Rosendo acusó como responsables intelectuales de ser torturado, a Romeo Flores Caballero, Delegado Nacional del PRI en Coahuila, y a Enrique Martínez, Secretario General de Gobierno, y por ley Presidente de la Comisión Estatal Electoral. Y sostuvo que ambos fueron premiados por ese acto: Flores Caballero con el consulado general en California, y Martínez con una diputación federal, e, irónicamente, también con la Presidencia de la Comisión de Derechos Humanos en la cámara baja.

En marzo de 1988 Rosendo obtuvo el apoyo de Amnistía Internacional y pidió asilo en los Estados Unidos. En marzo de 1991 el Instituto Nacional de Migración estadounidense se lo concedió.

Durante estos últimos 26 años, Rosendo ha sido militante del PAN desde su hogar en Elgin, Illinois; y ha trabajado con distintas organizaciones que defienden los derechos humanos y civiles de mexicanos y latinos.

¿Qué diferencia existe entre este Rosendo, de apellido Burciaga, y el otro, también panista, pero de apellido Villarreal, gran capo de la familia feliz de la Región Sureste de Coahuila?

Parafraseo a González Luna: Mientras el primero ha luchado, y entregado su vida por una victoria política ligada a una opción moral; el segundo, simplemente, ha buscado el poder como un fin en sí mismo. De ahí, la abismal diferencia entre ambos.




Columna: Panóptico

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