Tres formas en que la IA cambiará el rumbo de la humanidad

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Opinión
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Un informe del McKinsey Global Institute de 2018 estimaba que la IA podría aportar aproximadamente 13 billones de dólares al PIB mundial para 2030

Por Dambisa Moyo, Project Syndicate.

LONDRES- A lo largo de la historia, tres fuerzas han impulsado las mayores transformaciones de la humanidad, para bien y para mal: las enfermedades, la guerra y el crecimiento económico. Al reducir los costos y aumentar la disponibilidad y la productividad de una amplia gama de bienes y servicios, la IA tendrá un impacto profundo en las tres.

La historia está atestada de plagas y pandemias que alteraron la trayectoria del crecimiento de la población humana. La Peste Negra, por ejemplo, se cobró entre 75 y 200 millones de vidas en Europa, Asia, Oriente Medio y el norte de África entre 1346 y 1353.

Gracias a los avances tecnológicos y a las innovaciones médicas que contribuyeron a prolongar la esperanza de vida y a reducir la mortalidad infantil, la población global ha pasado de mil millones en 1804 a dos mil millones en 1927 y a más de ocho mil millones en la actualidad. Sin embargo, al mismo tiempo, la llegada de anticonceptivos eficaces ha ayudado a contener el crecimiento demográfico.

La IA promete acelerar este progreso, mejorando tanto la calidad como la cantidad de vida humana mediante diagnósticos preventivos, un descubrimiento más rápido de fármacos y una atención médica más personalizada. De este modo, podría reducir los costos humanos y económicos de las enfermedades no transmisibles, como el cáncer y los trastornos cerebrales neurodegenerativos, incluido el Alzheimer. También podría permitir respuestas más rápidas ante brotes de enfermedades transmisibles, al predecir dónde es probable que se propaguen los virus y cómo podrían desarrollarse las mutaciones. De hecho, ya se está utilizando la IA para combatir la resistencia antimicrobiana.

Quizá lo más destacable sea que la IA podría reducir drásticamente los costos sanitarios, que se han mostrado en gran medida inmunes a los avances tecnológicos del pasado. Tal y como mostraba un gráfico del American Enterprise Institute de 2022, los costos de los servicios hospitalarios en Estados Unidos aumentaron más que los de todos los demás bienes y servicios durante los 25 años previos.

Las guerras representan la segunda fuerza que ha cambiado repetidamente el curso de la historia de la humanidad. Se estima que entre 70 y 85 millones de personas murieron durante la Segunda Guerra Mundial, casi 30 millones de ellas en la Unión Soviética. Estas pérdidas tuvieron consecuencias demográficas y económicas de gran alcance para la URSS, sobre todo porque gran parte de los muertos eran hombres jóvenes en edad de trabajar. En términos más generales, los conflictos armados destruyen la capacidad productiva, alteran la vida cotidiana y disuaden las inversiones necesarias para estimular el crecimiento económico.

Los avances tecnológicos, por supuesto, han hecho que la guerra sea mucho más destructiva. La Primera Guerra Mundial fue el primer conflicto mecanizado a gran escala en el que se utilizaron armas, tanques y aviones fabricados en serie. La Segunda Guerra Mundial, a su vez, catalizó una expansión masiva del complejo militar-industrial, lo que sacó a la economía estadounidense de la Gran Depresión e impulsó décadas de crecimiento de posguerra.

La IA está marcando el comienzo de una nueva era de conflictos impulsados por la tecnología, a medida que los países recurren cada vez más a los drones y a las armas autónomas. En Ucrania, los drones son responsables del 70-80% de las bajas en el campo de batalla. Los sistemas basados en la IA también están desempeñando un papel cada vez más importante en la guerra de Irán, desde acelerar el desminado en el estrecho de Ormuz hasta rastrear submarinos y recabar información de inteligencia.

El tercer factor determinante del cambio histórico es la convulsión económica. Tras la Primera Guerra Mundial, la hiperinflación devastó la economía alemana, allanando el terreno para el auge del nazismo. De manera similar, el crac bursátil de 1929, junto con el pánico bancario de la década de 1930 y el Dust Bowl, sumió a millones de norteamericanos en la pobreza, con la aparición de campamentos de personas desplazadas (“hoovervilles”) por todo Estados Unidos.

Pero las transformaciones económicas también pueden traer consigo enormes beneficios, aun cuando generen trastornos y desesperación. La Revolución Industrial desató un crecimiento acelerado de la productividad, elevó los niveles de vida, reconfiguró las sociedades e impulsó el desarrollo humano a nuevas alturas.

Gran parte de ello fue resultado de la rápida industrialización y mecanización, que continuaron redefiniendo la relación entre el capital y el trabajo hasta bien entrado el siglo XX, a medida que los trabajadores pasaban de la agricultura a la industria manufacturera y, posteriormente, al sector de los servicios. En Estados Unidos, la proporción del empleo en la agricultura se redujo de más del 40% a principios del siglo XX a menos del 2% en la actualidad.

Los primeros estudios sugieren que la IA potenciará enormemente la productividad, sobre todo en los sectores basados en el conocimiento, aunque las pruebas de su contribución directa al crecimiento económico siguen sin ser concluyentes. Un informe del McKinsey Global Institute de 2018 estimaba que la IA podría aportar aproximadamente 13 billones de dólares al PIB mundial para 2030, mientras que un informe de McKinsey de 2023 preveía que la IA generativa podría aportar entre 2.6 y 4.4 billones de dólares anuales en valor económico.

Sin embargo, el potencial destructivo de la IA es igual de grande. Las advertencias sobre un “apocalipsis laboral” impulsado por la IA se han vuelto cada vez más habituales en los últimos años; Vinod Khosla, el inversor de capital riesgo de Silicon Valley, predice que la IA será capaz de realizar el 80% de los trabajos existentes a principios de la década de 2030, lo que hará que el empleo tradicional quede obsoleto.

Independientemente de si estas predicciones sombrías resultan acertadas o no, la sustitución generalizada de puestos de trabajo podría trastocar la estructura de las economías y de las sociedades. También podría ampliar considerablemente el papel del estado, ya que los gobiernos se enfrentan a una creciente presión para proporcionar apoyo económico.

Sin duda, el superciclo de la IA se encuentra en sus primeras etapas. Pero incluso ahora, parece inevitable que la tecnología cambie radicalmente la forma en que combatimos las enfermedades, libramos las guerras, fomentamos el crecimiento económico y, en última instancia, la manera en que entendemos lo que distingue a la humanidad. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Dambisa Moyo, economista internacional, es autora de Edge of Chaos: Why Democracy Is Failing to Deliver Economic Growth—and How to Fix It (Basic Books, 2018).

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