Verdades a medias
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La verdad de la tierra es una extensión de la verdad del mundo, y para ésta debemos tener oídos, saber escuchar y leer entre líneas.
El suelo, cuando se estabiliza con materiales homogéneos para fines de construcción, se transforma en tierra que habla por sí misma contando su verdad a través de lo construido.
Hay construcciones que datan de 6 mil 500 años antes de Cristo, como las ruinas en CatalHüyük, Turquía, compuestas de tierra pegada y consolidada por tierra.
En el Continente Americano existen al norte de la ciudad de Lima, Perú, las ruinas de Caral con antigüedad de 3 mil 500 años antes de Cristo, construidas con la técnica de bahareque que implica capas sobrepuestas de tierra sobre estructura de fibra vegetal y amarres de ixtle, que aún se conservan.
En Tizatlán, Tlaxcala âdentro de la zona mesoamericana de nuestro país, y que fuera cuna de los tlaxcaltecas que poblaron San Esteban de la Nueva Tlaxcala, hoy Saltillo, Coahuila, cuyos descendientes posteriormente colonizaron muchos otros lugares de la regiónâ, existen ruinas de construcciones en base de adobe recubiertos con una mezcla de cal y arena
La técnica del adobe es una de las maneras más comunes de emplear tierra para la construcción. Cuando los adobes son perfectos, pueden durar en buen estado por milenios.
La verdad de la tierra (con minúscula) es una extensión de la verdad de la Tierra (con mayúscula), y es una verdad para la que debemos tener oídos.
Los sistemas constructivos mesoamericanos y aridoamericanos (el caso de Paquimé, Casas Grandes, Chihuahua) brindan información de interés a sociólogos, arqueólogos, arquitectos e historiadores pero también resultan un poderoso tema inspirador para quienes son los que hacen posible in situ las construcciones: los socialmente desdeñados albañiles.
Actualmente la mitad de la población mundial vive en construcciones de tierra, incluyendo nuestro país, por lo que debemos poner el acento en cómo podemos conservar las que con este material existen en México porque gracias a sus propiedades térmicas permiten grandes ahorros energéticos, y en medio de una crisis energética global, conservar lo construido con tierra e intentar retornar al origen constructivo, cuenta mucho.
El empleo del cemento y concreto en las construcciones modernas ha dado al traste con la sustentabilidad de las mismas, pues además de que requieren de un mantenimiento continuo propician más frío en invierno y más calor en verano.
Por si fuera poco la degradación del cemento genera una cadena de dependencia, pues no tiene garantía de durabilidad ya que guarda la humedad y ésta destruye las varillas de acero que normalmente lo acompañan.
En cambio los adobes son como seres vivos, pues respiran y requieren del intercambio del vapor de aire, y aunque en estos tiempos resultan más costosos que los blocks, en el corto plazo recuperan la inversión de su costo por los ahorros energéticos que propician.
El cemento y el concreto como materiales de reconstrucción de ruinas arqueológicas muestran verdades a medias y confunden a los visitantes, pues alejan de lo original lo intervenido. Por ejemplo, la Calzada de los Muertos en el complejo arquitectónico de Teotihuacán, en el Estado de México, representa un engaño, un invento del Siglo 20, pues no fue restaurado correctamente, sino reconstruido.
Igual ocurrió en la reconstrucción de Tula, donde las magníficas figuras de Los Atlantes fueron desenterradas y armadas sobre el edificio reconstruido sin partir de datos arqueológicos firmes, como una escenografía para el turismo.
Esas medias verdades que no revelan el significado cultural de origen de los centros ceremoniales antes mencionados me hacen pensar en las verdades a medias que muchos políticos emplean para convencernos de las bondades de la reforma energética.
Lo aparentemente ganancioso del progreso anunciado saldrá muy caro para el medio ambiente y para el tejido social de las poblaciones insertas en el área prospectiva en la que se explorará y en su momento explotará el gas shale si no se blinda el componente identitario que es, como lo ha sido la arquitectura de tierra a lo largo de la historia de la humanidad, el soporte que puede dar permanencia y futuro a la vida comunitaria.