¿Has invitado a Jesús?
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Si ponemos en una balanza el tiempo invertido en el trajín de la limpieza, jardinería y decoración navideña de la casa, la preparación de la cena, el cuidado de cada detalle. El ir de un lado a otro buscando los ingredientes y condimentos, la elección y envoltura de los regalos y el etcétera que desees agregar.
En la otra balanza la conexión real con el verdadero motivo de la Navidad, el nacimiento de la Conciencia Crística manifestada en Jesús, nos sorprenderíamos cuánto hemos sacrificado al vivir en el exterior; en lugar de procurar al instante que se presenten unos minutos libres, para entrar a la esfera de silencio y desde ahí “respirar” un Padre Nuestro con total concentración y gratitud.
Solo realizando “instalaciones” nuevas en nuestro cerebro y voluntad, nos será posible manifestar en nuestra vida diaria todos los valores que poseemos y que se han diluido en un ajetreo diario, con frecuencia, de más de 12 horas.
Hacemos todo al revés; en lugar de guardar al menos dos días de ayuno; tomando solamente jugos de frutas naturales sin añadirles azúcar, podremos desintoxicar nuestro organismo, equilibrando la relación causal que existe entre la mente y el cuerpo, que permita establecer la relación entre el alma y Dios. Como si activáramos un dispositivo de mayor alcance y calidad existencial.
Nos lanzamos a comer todo lo que tengamos al alcance, después de haber montado un set navideño, sin percatarnos del día especial en que hemos de invitar a Jesús a que renazca en nuestra vida, ofreciéndole el regalo diario de esforzarnos por ser una mejor persona. Pedir, pedir; pedir es lo que más empobrece.
¡Decídete a ser feliz hoy!
@_A_lfonsina