Hacer bien el Bien
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La eterna lucha del Bien contra el Mal se hace presente en todos los aspectos de la vida. La tierra es, de manera especial, un lugar propicio para este combate milenario. Por un lado tenemos a quienes llegan al poder público utilizando herramientas propias del mal, como corrupción, compra de conciencias, amenaza, uso partidista de recursos públicos que deben aplicarse al bienestar social y, en general, considerar a los ciudadanos como masa a la que se puede manipular para beneficio personal.
Una vez en el poder público se repite la dosis para conservarlo, beneficiándose del poder y sin consideración alguna para el pueblo que paga impuestos y, supuestamente, elige a esos malos gobernantes.
Suele suceder que, ante este fenómeno, surjan ciudadanos que alzan la voz, que rechazan esa forma de acceder al poder y de ejercerlo, ciudadanos que se organizan para instaurar un sistema de gobierno respetuoso de la voluntad popular, que trabaja en beneficio de la sociedad y cuida los recursos públicos pagados por el pueblo. Ciudadanos de bien.
En toda sociedad existen también los tibios, suelen encontrarse en uno u otro bando de esta batalla. Su interés es dar y sostener una imagen pública. Quizá viven un conflicto personal interno, quizá se creen astutos o aparentan ser buenos o malos, esperando que aparentar les rendirá alguna ventaja práctica.
Los tibios suelen ser los primeros candidatos al basurero de la historia. Nunca pasan de una lucha mediocre por intereses del momento. La vanagloria del poder los seduce y, cegados por ello, se les escapa de sus manos de repente, sin que hayan hecho algo de provecho para la comunidad, sin dejar legado alguno.
Actuar o pretender actuar como lo han hecho antes que tú, tus oponentes o competidores, es un error garrafal. A todas luces es un mal negocio. Sólo consigues confundirte y confundir.
Hacer el Mal no tiene chiste, basta con archivar los escrúpulos. En la política mexicana es más fácil, porque el delito, desde el robo hasta el asesinato, prácticamente no se castiga. El área de oportunidad es enorme para quien no tiene escrúpulos. Basta con obedecer al malvado de arriba, acatar sus instrucciones para escalar peldaños; aprovechar las oportunidades para medrar, valerse de las relaciones y coyunturas para catapultarse al poder.
Quizá esta última “tarea” sea la más complicada; es preciso estar alerta a toda hora, pisar sobre los otros en el camino y escalar, atrapar la oportunidad que pintan calva porque quizá no se repita. El legado que deja esta clase de personajes perdura por su maldad, la historia está llena de estos ejemplos.
Por el contrario, si se le ve en términos de trascendencia, hacer el bien es difícil, exige creatividad y entrega. Por lo general quienes actúan bien no suelen ver en vida el resultado de sus acciones.
El mayor reto del bien está en su ejecución, no es automático, no surge por generación espontánea. El Bien es preciso hacerlo bien. Es por esta exigencia por lo que la gran mayoría de sus adeptos, mueren en el intento.
Hacer bien el Bien es complicado, requiere astucia y autoridad, implica hacer el bien como líder y lograr que otros, bajo su mando, lo practiquen así como permitir que otros también lo hagan.
La mayor frustración que suelen experimentar los partidarios originales del bien, consiste en que no alcanzan la cumbre, pero esto es un error de origen, porque no es esa la vocación del bien. El bien es desprendimiento, entrega, es dar y darse al otro, particularmente al más necesitado. Para el bien, el poder es un medio, para el mal es tan solo un fin.
Luis Carlos Plata (@luiscarlosplata), es un articulista de VANGUARDIA, serio y profesional, practica una crítica inteligente hacia la clase política coahuilense. Aunque no lo conozco personalmente, sus escritos me inspiran respeto.
Luis Carlos Plata ha dedicado varios escritos a criticar la Administración Municipal de Saltillo. Sus críticas me parecen fundadas en datos duros, objetivos y serios. Aunque no me cabe la menor duda que el Alcalde de Saltillo es un buen hombre, honesto, responsable y bien intencionado, no alcanzo a comprender por qué no atiende con seriedad las críticas serias y objetivas de Plata. ¿Por qué no dar explicaciones? ¿Por qué no busca un acercamiento para hacer las aclaraciones pertinentes?
En política no basta que la cabeza de un equipo sea buena; es preciso lograr que los subalternos también lo sean. Los hechos demuestran que no es fácil: para ello se han creado instituciones que deben inhibir y castigar las flaquezas humanas de los políticos. Si la cabeza es buena pero los subalternos no lo son, hay un problema que es urgente enfrentar; pero si la cabeza tolera la mala actuación de sus subalternos, se aleja del bien y se acerca al mal, cava su propia tumba.
@chuyramirezr