Saldívar, faenón; corta dos orejas
COMPARTIR
Ignacio Solares
La fiesta taurina es una de las mayores expresiones estéticas que ha concebido el ser humano ây que ha repercutido y trascendido en la pintura, en la música, en la poesía, en la literatura--, pero nadie puede negar que es un arte cruel. Como decía Pérez de Ayala: En el teatro del toreo se conjugan, como en una obra de Shakespeare, la más alta poesía con el máximo de dolor y de muerte.
Hay simplemente que recordar cuando los caballos no llevaban peto y morían destripados en la plaza. Hubo una corrida memorable, comentada por Corrochano, en que toreaba Bombita y durante la cual quedaron muertos, regados en el ruedo, más de diez caballos. La empresa ya no tenía más y así lo anunció por un altavoz. Entonces el público de Madrid se puso de pie, a gritar a coro: ¡Más caballos, más caballos!
En su libro de entrevistas Hablan los viejos colosos del toreo, le cuenta Marcial Lalanda a Vicente Zabala:--Yo no digo que nosotros fuéramos ni mejores ni peores que los toreros de ahora, pero lo que sí le puedo asegurar es que aquello era más duro.
--Lo ve, Marcial, ya ha caído en el odioso tópico de cualquier tiempo pasado
--Me gusta hablar con ejemplos. Cuando yo tenía dieciocho años ya era matador de toros. Un chiquillo que acababa de ver en la Maestranza de Sevilla la cogida mortal de Varelito, con quien alternaba aquella tarde. El toro le destrozó el recto y sangró profusamente, mientras lo llevaban a la enfermería. A los quince días fui a Madrid. Una corrida en que encontró la muerte mi compañero de cartel Manolo Granero. Yo tuve que estoquear al toro Pocapena, que le había metido un pitón por un ojo, destrozándole la cabeza debajo del estribo. Aquella misma temporada me quedé sin picadores, porque fueron heridos de gravedad, y un tercero que contraté también terminó la temporada en el hule.
Aquel mismo año ârepito, el primero de mi alternativaâmurió un banderillero mío, como consecuencia de una cornada. ¿Era o no era dura la fiesta entonces?
También Rodolfo Gaona cuenta en Mis veinte años de torero que, en Madrid, una tarde en que un toro le dio una voltereta, entró a hacerle el quite su peón de confianza, Lagartijilla, quien logró quitarle al toro, pero tropezó y el astado se fue contra él y lo degolló, ahí, a unos pasos de Gaona. Con todo el arte sublime que encierra, repetimos, ésta también ha sido la fiesta taurina.
Saldívar, torerazo. Séptima corrida de la temporada, con muy mala entrada para un cartel tan interesante, viento frío, molesto para toreros y público.
De las virtudes que decía Gallito se deben tener para ser un gran torero: clase, variedad, personalidad y poder (en el que, por supuesto, va implícito el valor), nos parece que Arturo Saldívar las reúne todas y es ya, por lo pronto, el triunfador de la temporada. Cómo contrasta con sus compatriotas, de éste y de cualquier otro cartel.
El toreo vuelve a ser toreo y todo cuanto se intente fuera de esa alta línea estética y auténtica, no hace sino acabar de derrumbar a los que se apoyan en endebles cimientos. Hizo una gran faena al sexto toro, de nombre Nuriesco, a pesar de ser por momentos molestado por el viento. Empezó con unos pases cambiados por la espalda, escalofriantes. Luego ligó derechazos y naturales prodigiosos. Con una enrome cualidad: le dejaba la muleta en la cara al toro para ligar el siguiente pase. Gran juego de muñecas mientras las plantas de los pies se sembraban, estoicas e inmutables. Varios muletazos izquierdistas, cuyo aguante y limpieza iban alucinando al espectador, recreándose en la honda belleza del pase fundamental de la lidia.
Tres dosantinas ligadas y, ahí mismo, sin moverse un ápice, el remate del forzado de pecho. En fin, un toreo por nota. Lástima que matara de una estocada trasera y tendida y, luego, que el puntillero le levantara en una ocasión al toro. Lo de menos eran las dos orejas: la gran faena ahí quedaba.
Aguilar y Rivera también cortan orejas. Mario Aguilar es un buen torero que no ha logrado dar el estirón definitivo en la Plaza México. Cortó una merecida oreja al tercero de tarde, por una faena valiente, bien templada, aunque con el defecto de varios enganchones a la muleta. Sus pases tuvieron largura y sentimiento, en especial con la izquierda, citando de largo. Una estocada trasera y la oreja, por más que parte del público pidiera la segunda. Muy bien el juez en sólo conceder una.
Por su parte, Fermín Rivera también estuvo muy bien en su primero. Es elegante, tiene técnica, aunque es un tanto más cuanto frío. Por momentos se le pasa de tueste, mejor dicho de helada, su forma de torear. Además, tuvo el defecto de que, como no le dejaba la muleta en la cara al toro, perdía la ligazón. Le dieron una fea maroma y sacó un puntazo en una axila. Mató de una estocada trasera âayer abundaron las estocadas traseras-- y recibió también una merecida oreja. Los toros de Xajay, bien presentados y tres de ellos muy buenos.