Distribuir para crecer
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Es conocimiento convencional que un crecimiento rápido y sostenido del PIB es condición necesaria para reducir la pobreza y mejorar la distribución del ingreso. También se reconoce que el crecimiento es condición necesaria, pero no suficiente para esa mejora. Además, se requieren medidas de política social focalizadas y eficaces, como un sistema fiscal (ingreso-gasto) que resulte en una distribución menos desigual después de cobrar impuestos y de ejercer el gasto público.
Sin embargo, la persistencia de la concentración del ingreso en diversos países, incluyendo México, ha modificado esa prescripción de política pública. En esencia, ahora se señala que una distribución del ingreso muy concentrada representa un obstáculo para crecer con rapidez, lo que a su vez, con medidas complementarias, pudiese reducir dicha desigualdad. Surge así el círculo vicioso desigualdad-falta de crecimiento-prevalencia de la desigualdad.
La evidencia señala que en México, sólo durante el desarrollo estabilizador (1956 a 1970), se dio una reducción de la concentración del ingreso: el PIB creció 6.7% anual, los salarios reales 4.5%, y hubo estabilidad de precios, tipo de cambio y tasas de interés.
México lleva varias décadas de magro y titubeante crecimiento, insuficiente para dar ocupación a los mexicanos que cada año se incorporan al mercado de trabajo en busca de empleo. Por eso, si bien en algunos años la distribución del ingreso mejoró (2004 y 2006) esto es, cuando la economía y el empleo aumentaron; en otros la distribución se concentró (2008 y 2012) cuando la economía se contrajo o creció a un ritmo lento. Existe frustración y enojo de la población por la ausencia de una mejora de sus condiciones de vida, generalizada y reductora de la concentración del ingreso.
En ocasiones, se han hecho planteamientos que buscan atenuar esos sentimientos, con el argumento de que México ha observado una rápida expansión de sus clases medias durante las últimas décadas. Si bien el número de familias con ingresos superiores a cierto umbral de pobreza ha aumentado, esto es resultado de la rápida multiplicación de la población y de un incremento muy moderado de sus ingresos. En efecto, la capacidad de compra acumulada por familias con ingresos superiores a cierto umbral, que se define en términos absolutos, ha aumentado. Pero eso no significa que en términos relativos (porcentaje de hogares con ingresos superiores a un umbral que evoluciona con el transcurso del tiempo) las clases medias se hayan expandido. Al preguntar a las familias cuál es el ingreso que debe tener una familia para que sea de clase media en México, la respuesta en 2014 fue 13 mil 488 pesos mensuales (12 mil 517 pesos a precios de 2012). Ese monto es muy parecido al ingreso corriente medio por hogar: 12 mil 708 pesos mensuales (ENIGH 2012).
En la medida que, conforme crece el PIB, los hogares modifican ese umbral de ingreso medio en términos absolutos, las clases medias, definidas como el tamaño de un grupo de hogares en comparación con el de otros, no han aumentado en México.
El porcentaje de hogares con ingresos mayores al ingreso medio fue 33.8% en 1984, 29.9% 10 años después, y 31.7% en 2012. Es de lamentar, pero durante los últimos 30 años en México no ha habido una expansión de las clases medias cuando se les define correctamente en términos de su posición económica relativa, lo que equivale a que no ha disminuido la participación de los hogares que los propios mexicanos consideran pobres. ¿Será esta desigualdad persistente lo que impide que la economía mexicana crezca con rapidez?