(San) Lázaro, levántate y anda
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Coincidió el Domingo de Resurrección con el inicio de las campañas para diputados federales. Muy respetuosos de la ley los candidatos, a las cero horas del domingo 5 de abril en compañía de sus correligionarios iniciaron sus trabajos de proselitismo.
Los equipos de prensa de los candidatos, estuvieron más que prestos para elaborar sendos boletines, tomar fotografías, subir a las redes sociales las primeras imágenes de los candorosos personajes que aspiran una curul federal para representar a los mexicanos.
Desde el Domingo de Resurrección y hasta unos días antes de la elección, los mexicanos escucharemos y veremos la publicidad que les regala el Estado en los medios electrónicos, mensajes donde los ínclitos de todos los partidos políticos pondrán sangre, corazón y bofe para que el Estado de bienestar (Welfare state), aquél que rigiera por casi tres décadas, más o menos hasta 1982, llegue de una vez por todas a los mexicanos.
¿Qué es un diputado?
Un diputado es un ser privilegiado que ha sido tocado por la diosa de la fortuna. En comparación con un empresario que arriesga su capital para generar empleo, un diputado lo único que genera es gasto para la Nación; un empresario sufre la gota gorda cada quincena para pagar la nómina, un diputado recibe generosamente cada quincena en su cuenta bancaria montones de lana por concepto de sueldo, más ayuda para todos los achichincles que le acompañan, (muchos diputados se la clavan toda y reparten la puras migajas a sus gatos).
Ser diputado en México garantiza la supervivencia de toda una pléyade de notables, quienes durante tres años vivirán a cuerpo de rey.
Ser diputado federal en México es como tener un pasaporte para estar en calidad de tirarle a la gubernatura y ponerle los cuernos al gobernador saliente, estableciendo alianzas electorales con el elegido del Olimpo. En política las lealtades y las amistades son circunstanciales.
La imagen de los candidatos, bien editada, de todos los partidos, estará presente en los espectaculares por todo el país. En la radio sonarán tonadas pegajosas, rítmicas y de mal gusto para meterse en lo más profundo del subconsciente y hacerlo votar a su favor.
En cada crucero nos asaltarán jóvenes para darnos trípticos del ungido, mientras unas bocinas infernales nos revientan las orejas.
Veremos en los spots de televisión a hombres y mujeres probos, en compañía de sus respectivas familias proyectando esa imagen de unidad familiar, imágenes tan socorridas por los publirrelacionistas. Los candidatos retratados con la esposa, el esposo, los hijos, las hijas; los candidatos veteranos hasta con los nietos habrán de salir a cuadro para mandar ese mensaje subliminal: soy hombre de fiar, de familia y de una sola vieja.
Pura gente sin defectos y con muchas virtudes andarán en campaña en busca del voto popular.
Durante el tiempo que duren las campañas. Los votantes recibirán un bombardeo de mensajes, de promesas de toda índole. Es el tiempo de los salvadores de la patria. Es el tiempo de México, dirán.
La del estribo
En el Nuevo Testamento San Lázaro tenía cuatro días de muerto cuando Jesús lo resucitó. Cuentan las Sagradas Escrituras que el Maestro regresó del mundo de las tinieblas a San Lázaro. A una orden del dador de la vida, Lázaro se levantó del sepulcro.
En México, San Lázaro es sinónimo de cueva de bucaneros, vividores, vende patrias, asalta tribunas, salteadores de caminos, tragones y bebedores. Y cómo no, la cueva de San Lázaro tiene efectos regeneradores, muchos cadáveres políticos han resucitado en ese lugar.
Twitter: @Jesus_CarranzaO