4T, un suampo cuya marca es la impunidad
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Mi formación es abogadil, y puedo por eso asegurar que quien cae en la ilegalidad cae en un suampo. Su propio lodazal lo atenazará algún día. En política no hay aves que cruzan el pantano sin mancharse
Con un ramo de flores en una mano y un anillo de compromiso en la otra, el joven Leovigildo hincó una rodilla ante Susiflor y le pidió lleno de emoción que lo hiciera feliz para toda la vida casándose con él. Exclamó Susiflor alegremente: “¡Qué equivocado estaba mi papá! Siempre me dijo que jamás encontraría yo un pendejo que quisiera casarse conmigo, y mira, ¡ya lo hallé!”... La enfermera Bustolina le informó al médico de guardia: “Doctor: mi paciente tiene el pulso muy rápido y la presión muy alta. ¿Qué hago?”. Le sugirió el facultativo: “Abróchese la blusa”... “Prohibido entrar con perros”. Ese cartel admonitorio se leía en una puerta del hospital siquiátrico. Uno de los internos se acercó arrastrando un cepillo atado a una cuerda. El guardia de la puerta lo detuvo, divertido: “¿No ves el letrero? Se prohíbe entrar con perros”. Replicó el alienado: “Éste no es un perro. Es un cepillo”. El guardia, desconcertado, lo dejó pasar. Entonces el interno cargó en los brazos el cepillo y le dijo en voz baja: “¡Lo engañamos, Firuláis!”... Sonoroso vocablo es la palabra “suampo”. La escuché por primera vez en Guatemala, en tiempos de mi juventud de senderista aventurero, y se me quedó grabada para siempre en la memoria: “No vayamos por ahí, Armando. Hay suampos”. Un suampo es un pantano, un tremedal, una ciénaga, un fangal. Ha de ser feo caer en un suampo. Mientras más esfuerzos hagas por salir de él más te hundirás. Te ciñe con los brazos de la muerte, y te sume en un oscuro y estremecedor final. (Uta, nomás de leer esta última frase se me puso la carne de gallina, a diferencia de doña Panoplia, dama de la alta sociedad, quien afirma que a ella se le pone de cisne, ave del paraíso o pavorreal). Mi formación es abogadil, y puedo por eso asegurar que quien cae en la ilegalidad cae en un suampo. Su propio lodazal lo atenazará algún día. En política no hay aves que cruzan el pantano sin mancharse. Indefectiblemente saldrán a la luz los latrocinios del corrupto; vivirá en una zozobra continuada, temeroso de ser descubierto y acusado. El dinero mal habido es muy gritón; siempre denuncia a quien se ha enriquecido malamente. Tres cosas hay imposibles de ocultar: el amor, el dinero y lo pendejo. La impunidad es la marca de la casa de la 4T. En el régimen que hoy por hoy detenta el poder abundan los enriquecidos bajo el manto protector del caudillo morenista. Los actos de corrupción de esa banda son mayores que los habidos bajo la hegemonía priista. Los vínculos de algunos de sus integrantes con la delincuencia organizada saltan a la vista. Un suampo es ese régimen; un fangal, un cenagal, un lodazal. Y más no digo, porque temo que el mal humor me cause una convulsión de píloro, y se siente retefeo... Cierto individuo perdió en Las Vegas todo el dinero que tenía. Se consiguió una cuerda, y buscó un farol para colgarse. Ya iba a hacerlo cuando escuchó una majestuosa voz venida de lo alto: “Mira a tus pies”. Lo hizo el hombre y vio en el suelo un dime, monedita de 10 centavos. “Apuéstala” –le dijo la voz–. No alargaré la historia. Con esa monedita el sujeto ganó otras, y otras más, y luego multiplicó en las mesas de naipes sus ganancias hasta allegarse una importante cantidad, más de 100 mil dólares. De nuevo oyó la voz: “Apuéstalo todo en la ruleta al 20 negro”. Obedeció el tipo, y salió el 20 rojo. Perdió todo lo que había ganado. Se escuchó otra vez la majestuosa voz: “Ni modo, manito. Regrésate al farol”... La bien dotada Pompalina manifestó con orgullo en la merienda de los jueves: “Vivo de lo que tengo depositado en el banco”. Una de las asistentes acotó: “Es silla”. (No le entendí)... FIN.