El ardiente galán trataba de convencer a su novia, doncella con escrúpulos. Hagamos el amor, mi vida –le pidió–. ¿No ves cómo la flor de mi deseo abre sus pétalos?
La señora se percató de que su esposo la miraba fijamente. Le preguntó, molesta: ‘¿Qué estás pensando?’. Respondió él: ‘Pienso en la mujer con la que tuve la dicha de casarme’
Harto de las continuas demandas del tenaz Tesonio, don Arsilio terminó por regalarle el loro. ‘Llévatelo –le dijo al obstinado tipo–, pero ya no me estés chin... chorreando’
‘Es un hombre lujurioso, lascivo, impúdico, lúbrico y libidinoso que ha seducido a incontables mujeres valido de sus artes de hábil y consumado amante’
Dos amigos se encontraron después de algunos años de no verse. Uno le preguntó al otro: ‘¿Te casaste con Coleta, aquella novia que tenías?’. ‘No –respondió el otro–. Jamás nos entendimos’