El ardiente galán trataba de convencer a su novia, doncella con escrúpulos. Hagamos el amor, mi vida –le pidió–. ¿No ves cómo la flor de mi deseo abre sus pétalos?
La señora se percató de que su esposo la miraba fijamente. Le preguntó, molesta: ‘¿Qué estás pensando?’. Respondió él: ‘Pienso en la mujer con la que tuve la dicha de casarme’