A propósito de las elecciones para diputados estatales...
COMPARTIR
La democracia no se fortalece únicamente con instituciones electorales sólidas, sino con ciudadanos conscientes de que su participación es indispensable para la vida pública
En México solemos concebir el voto como un derecho. Y lo es. Sin embargo, pocas veces reflexionamos sobre su otra dimensión: la de una responsabilidad ciudadana indispensable para el funcionamiento de la democracia. Nuestra Constitución establece que votar es una obligación de los ciudadanos, pero a diferencia de otros países, no existen consecuencias jurídicas para quienes deciden abstenerse. El resultado es evidente: los niveles de participación electoral suelen mantenerse por debajo de lo deseable y el abstencionismo continúa creciendo.
En nuestro país, como en otros 27, el voto es obligatorio, pero no existen sanciones para quienes no sufragan. En el mundo hay 18 países –algunos como Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Perú, en América Latina– que aplican sanciones e incluso privación de la libertad para quienes no votan. En Bélgica, si en un tiempo de 15 años un ciudadano no vota, es privado de sus derechos. Al respecto, en México no pasa nada y los niveles de abstencionismo siguen creciendo. Más allá de la discusión sobre la conveniencia o no de imponer castigos, estos ejemplos reflejan una idea fundamental: la democracia no puede sostenerse únicamente con derechos; requiere también ciudadanos comprometidos con la vida pública.
La relevancia de esta reflexión cobra especial importancia ante la elección de diputados estatales en Coahuila. Con frecuencia, los ciudadanos prestan mayor atención a las elecciones presidenciales o para gobernador, mientras que los procesos legislativos suelen despertar menor interés. Sin embargo, son precisamente los diputados quienes elaboran y modifican las leyes que regulan aspectos esenciales de la vida cotidiana, aprueban presupuestos, supervisan el ejercicio del poder público y establecen las bases normativas para el desarrollo económico y social de la entidad.
En los comicios para integrar el Congreso de Coahuila en 2023 –que fue la última elección para elegir diputados estatales– participó aproximadamente el 56 por ciento del electorado, lo que significa que cerca de 4 de cada 10 ciudadanos decidieron no acudir a las urnas. Además, este nivel de participación se ubicó por debajo del registrado en algunos procesos electorales estatales anteriores, reflejando el desafío que representa el abstencionismo para la vida democrática de la entidad. De acuerdo con datos del INE, en la elección de gobernador de Coahuila de 2023 participó alrededor del 56 por ciento del electorado y, de esos votos, Manolo Jiménez obtuvo el 56.94 por ciento, consolidando una victoria amplia.
La calidad de la representación política depende en buena medida de la participación ciudadana. Cuando una elección registra bajos niveles de votación, los representantes terminan siendo electos por una porción reducida de la población, lo que debilita la legitimidad democrática y disminuye los incentivos para que los legisladores mantengan una relación cercana con los ciudadanos. En cambio, una participación amplia fortalece la representatividad de las instituciones y envía un mensaje claro sobre el interés de la sociedad en los asuntos públicos.
Coahuila enfrenta retos importantes en materia de desarrollo económico, seguridad, infraestructura, agua, movilidad y crecimiento urbano. Muchas de las decisiones relacionadas con estos temas pasarán por el Congreso del Estado. Por ello, la elección de diputados locales no debe entenderse como un trámite menor, sino como una oportunidad para influir directamente en la dirección que tomará la entidad durante los próximos años.
El abstencionismo suele justificarse mediante el desencanto, la desconfianza o la percepción de que “todos son iguales”. Sin embargo, renunciar al voto no elimina los problemas ni mejora la calidad de la representación; simplemente deja la decisión en manos de otros. La democracia se fortalece cuando los ciudadanos participan, evalúan y exigen resultados a quienes los representan.
Este domingo, los coahuilenses tendrán nuevamente la posibilidad de ejercer una facultad que durante siglos estuvo reservada para unos cuantos. Más allá de la preferencia partidista de cada persona, acudir a las urnas constituye una forma de asumir responsabilidad sobre el futuro colectivo. Porque la democracia no depende únicamente de las instituciones electorales; depende, sobre todo, de ciudadanos dispuestos a participar en ellas.
Por ello, la elección de diputados federales que se celebrará este domingo en Coahuila representa mucho más que una competencia entre partidos o candidatos. Se trata de una oportunidad para que los ciudadanos definan quiénes serán sus representantes en el Congreso, el órgano encargado de aprobar el presupuesto estatal, discutir las leyes que impactan la vida cotidiana y ejercer controles sobre el poder público.
En una entidad como Coahuila, que enfrenta desafíos relacionados con el desarrollo industrial, el aprovechamiento de las oportunidades del nearshoring, la seguridad, el agua, la infraestructura y la competitividad económica, la calidad de la representación legislativa adquiere una importancia estratégica. Los diputados que resulten electos tendrán influencia en decisiones que afectarán directamente el futuro económico y social de la región.
La abstención no es una postura neutral. Cuando un ciudadano decide no participar, otros lo hacen por él. La democracia no se fortalece únicamente con instituciones electorales sólidas, sino con ciudadanos conscientes de que su participación es indispensable para la vida pública. Este domingo, los coahuilenses tendrán en sus manos una facultad que durante siglos estuvo reservada para unos cuantos; con esto, se pone a prueba la participación de quienes forman parte del padrón electoral y que son quienes colocarán en la mesa el destino de todas nuestras familias. Así las cosas.