El oficio menos feliz del mundo
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El periodismo en Estados Unidos se ha convertido en un deporte extremo
El periodismo en Estados Unidos se ha convertido en un deporte extremo, más riesgoso que lanzarse en paracaídas sin lona. El endurecimiento de las políticas de visado bajo la batuta del octogenario de la Casa Blanca incluyó un detalle digno de novela distópica.
Agentes migratorios revisando redes sociales como si fueran detectives de Facebook, buscando likes sospechosos y retuits subversivos. El Wall Street Journal, el Times y el Washington Post lo documentaron con datos duros.
Dos decretos que huelen a censura, uno contra el llamado turismo de maternidad y otro que convierte la vida digital en expediente judicial.
Mientras tanto, Bruce Springsteen sigue cantando Born in the USA, himno convertido en ironía. La tierra prometida expulsa a quienes quieren contar su historia. El periodismo se vuelve un oficio más infeliz a cruzar la frontera con un pasaporte vencido. La pregunta central es simple. ¿vale la pena el American Way of Life? La respuesta es aún más simple: no.
Los reporteros de la fuente son tratados como incapacitados mentales, en sus caras, sin disimulo. El presidente olvida a México y Canadá reciben millones de ciudadanos norteamericanos en turismo médico, porque en su país los precios de la salud enferman más a los sufrimientos. Ironía pura. Quienes niegan ciudadanía por maternidad son los mismos cruzan la frontera buscando un dentista barato.
¿Quién puede desafiar al dictador de la Casa Blanca? Infantino y Trump se parecen en algo. Ambos son sinvergüenzas, cada uno con su propio circo. Uno con balones, otro con decretos.
Campanas celestiales suenan mientras las bombas siguen cayendo en Irán, Palestina, Rusia y Ucrania. El eco repite. No me llames frijolero, viva la libertad de expresión. La posibilidad de dejar de influir en el concierto de las naciones se convierte en réquiem. El oficio más peligroso del mundo no es el de soldado, ni el de espía, sino el de periodista en la tierra del “Born in the USA”.
Las campanas doblan, las bombas caen, y en medio del humo se levanta la pluma: más peligrosa a un misil, más libre a un muro, más eterna a cualquier decreto.