Amor perdido

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Opinión
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¿Y qué se baila en el rancho? Se bailan polkas, redovas, valses y chotises. Cuando aparecen piezas de otro ritmo, la gente se desconcierta y no sabe cómo agarrar el paso

Siempre he sido devoto aficionado –aquí no cabe decir “fan”– de Los Montañeses del Álamo. Tengo a honor haber cantado acompañado por ellos, formando dueto con Lalo González, “El Piporro”, en un festival benéfico. Cantamos el corrido de Rosita Alvírez. El culto y exigente público –“más exigente que culto”, solía decir Lalo– nos pidió otra, otra, y entonces cantamos “La Mujer Ladina”.

Cuando los padres de la amada eterna cumplieron 50 años de casados, Los Montañeses vinieron a la fiesta y la alegraron con su música. Ese conjunto formó parte de lo mejor de la tradición musical del noreste mexicano. Su arte era expresión del sentimiento popular. Oigo a Los Montañeses casi desde niño, en su programa radiofónico del mediodía con don Jeremías Becerra, entrañable personaje regiomontano.

https://vanguardia.com.mx/opinion/dichos-sabios-y-sabios-dichos-OO21949777

Hace tiempo encontré un MP3 de Los Montañeses, y el hallazgo fue motivo de gran regocijo para mí, porque en él viene una grabación dificilísima de conseguir: una preciosa polka llamada “Así se Baila en el Rancho”.

¿Cómo se baila en el rancho? En el Potrero se baila largamente, quiero decir que cada pieza suele durar 15 minutos, y en ocasiones más. Cornelio, el acordeonista, no da tregua a sus manos, y los bailadores y bailadoras no dan tregua a sus pies. Entre pieza y pieza se riega el terreno, pausa que ellas aprovechan para componerse el peinado y abanicarse y ellos para tomarse –a ocultas, porque eso no es bien visto– un traguito de mezcal.

A eso de las 11:00 de la noche llegan “los panaderos”, encargados de ofrecer una colación a las damas. Dicha colación consiste en una taza de café negro bien cargado y una pieza de pan de azúcar. De tal condumio no participan los señores: es cortesía exclusiva para el sexo débil. Las colaciones de los caballeros, ya lo dije, son de mayor sustancia y entidad.

En cada baile hay un mayordomo, que así se llama la persona encargada de dirigir el sarao y mirar por el buen orden y lucimiento de la celebración. El mayordomo debe tener una suprema habilidad que trataré de describir. Sucede que siempre son más los bailadores que las bailadoras. Al principiar la música, el mayordomo se pone entre mujeres y hombres, y sólo deja pasar al bailador que cada bailadora quiere. Eso da lugar a un intenso juego de miradas entre la bailadora y el bailador que ella quiere. El mayordomo debe seguir esas miradas para formar las parejas, a fin de no exponer a ningún hombre a sufrir un desaire. Ni Kissinger tuvo nunca tanta diplomacia.

https://vanguardia.com.mx/opinion/de-reyes-y-caballos-CI21926062

¿Y qué se baila en el rancho? Se bailan polkas, redovas, valses y chotises. Cuando aparecen piezas de otro ritmo, la gente se desconcierta y no sabe cómo agarrar el paso. Una noche que no estaba Cornelio puse un disco de Los Montañeses. Todo iba muy bien hasta que salió una grabación inusitada que Los Montañeses tienen: “Amor Perdido”. Esta pieza, ya se sabe, es congalera, con perdón sea dicho. Sólo en lugares de rompe y rasga se aprende a bailar ese inmortal clásico de la vida nocturna. Cuando las sentidas notas de “Amor Perdido” se oyeron en la alta noche del Potrero aquello fue como si hubiera sonado la trompeta del arcángel San Gabriel. Todo mundo se aturrulló, pues nadie sabía cómo diablos se bailaba aquello. Rápidamente puse “Los Jacalitos”, y todo volvió a la normalidad.

Nadie rebaje a lágrima o reproche –como dijo Borges– que en el Potrero la gente no haya sabido bailar “Amor Perdido”. Si en la zona roja alguien tocara “La Varsoviana” tampoco nadie sabría cómo bailarla.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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