Aprendiz de meretriz

Opinión
/ 19 enero 2023
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Tengo que establecer antes que nada mi postura de total aprobación, apoyo y respaldo hacia la prostitución, entendida ésta como el libre intercambio carnal-mercantil consensuado entre adultos plenos y facultados para tomar decisiones.

Ya antes me he pronunciado en favor de esta actividad, pero siempre es menester recalcar algunos puntos vitales, como que no debe involucrar ninguna forma de explotación, lo cual por desgracia suele ser aún bastante raro.

Aún así hay quienes pueden elegir libremente “vender su cuerpo”, que es la manera en que decimos que alguien se dedica a procurar gratificación sexual a cambio de una compensación económica.

Si lo pensamos un poco, no hay convenio que involucre tanta madurez, libertad y autodeterminación que el que celebra un trabajador o trabajadora sexual con su cliente. Claro, es imprescindible –y hay que decirlo hasta el cansancio– que se cumplan las condicionantes de la edad legal y del consenso, inexcusablemente.

Por desgracia, en cierto momento de la Historia entró la religión que, en busca de imponernos un arancel por todo aquello que nos produzca placer en este mundo (si hoy en día son apenas unas pocas cosas, imagínese hace dos mil años), se arrogó el papel de árbitro, custodio y administrador de nuestra vida sexual (“si haces el delicioso sin la licencia exclusiva que otorgamos para ello, estás en pecado mortal”).

Luego entonces, el sexo recreativo está duramente estigmatizado en las sociedades judeocristianas. Y ni qué decir si alguien proporciona este desfogue carnal como un servicio profesional a cambio de dinero.

En consecuencia, el sexoservicio en general, pero particularmente las prostitutas, son percibidas, vistas y tratadas históricamente como escoria humana, por causa de un pinche prejuicio muy estúpido que por desgracia aún prevalece.

¿Seremos capaces de quitarle tan poderoso y arraigado estigma a un acto tan legítimo como es el darle a nuestro cuerpo el uso que mejor nos plazca y convenga?

Creo que que estamos muy, muy lejos de pensar en esta práctica sin interponer juicios de valor o criterios moralinos y de asumirla como algo no solo natural sino necesario en cualquier sociedad.

Pero mientras tanto, bien haremos en ir formulando toda clase de disculpas y desagravios para tratar de enmendar un poco la pobre valoración y el maltrato hacia quienes (ahí sí, voluntariamente u obligadas por las circunstancias) hicieron un oficio del manejo de nuestros impulsos más básicos. Mientras más tardemos en reconocer sus derechos y la falta de garantías de que adolecen, seguirá habiendo víctimas de la trata y la explotación, que no es sino una de las muchas formas en que sobrevive hasta nuestros días la esclavitud.

Para los y las trabajadoras sexuales, nuestra empatía, reconocimiento, admiración, solidaridad e históricas disculpas.

Y precisamente ahora que al Partido Acción Nacional en Coahuila dio un giro radical y de mocho y persignado se animó a probar suerte en el mundo de la prostitución, no puedo sino enviar a su militancia mi mas sincera admiración y reconocimiento.

Vaya manera de transicionar de “la Chabelita” de los partidos políticos, a la Xaviera Hollander de la politiquería comarcana. Cambiaron el velo y el rosario por los stilettos y medias de red para lucir con orgullo esas varicosas piernas de MILF.

En honor a la verdad, tampoco es como que esto nos haya agarrado desprevenidos: “¡Wow, Acción Nacional! ¡Jamás me lo hubiera imaginado de ti!”. ¡Pos no, verdad! ¡Tampoco!

De hecho ya sabíamos que el PAN era bastante güilanchón y sostenía sus “affairs” con el poder local. Y está bien; como yo siempre le digo, no hago juicios morales sobre la calentura ajena. Ora sí que cada quién su “cauliflower” y cada uno decide si la quiere capeada, rebozada o lampreada.

Lo que quizás no nos esperábamos era que esta añosa y dizque recatada fuerza política se quitara finalmente de tapujos para presentársenos impúdica bajo una nueva luz, (luz de cabarete) como una auténtica y orgullosa “tituta”.

Quedaron desde luego muy atrás ya los mejores años del PAN, pero como dice el sabio consejo: “¡Tú encuérate, que no faltará un pervertido!”.

Haber hecho alianza con el PRI le costará al PAN su última gota de credibilidad y la poca seriedad con la que alguien quizás miraba todavía a este partido.

Todos los ideales y principios que enarbolaban, toda la saliva que se gastaron gritando cómo fue que los gobiernos del PRI destrozaron nuestra Entidad; todos los valores que muchos viejos panistas defendieron hasta el día de su muerte se fueron a la mierda ahora con su alianza con el Revolucionario.

Y se van a amparar en la excusa de que era algo necesario para detener el lopezobradorismo y evitar que se apoderara del Estado: ¡Mentiras podrida, mentira vil, mentira hedionda! En primer lugar, para detener el avance del lopezobradorismo lo que tenían que hacer era presentarnos un candidato valioso, una sola persona al menos, con los ideales, causas y compromisos que a los coahuilenses en particular nos atañen.

Y si no podían en todos estos años posicionar un solo pinche candidato, entonces lo que les correspondía era trabajar hasta hacer justicia en lo local con relación a los crímenes y excesos del moreirato. Pero está visto que eso es sólo su cantaleta electorera pero jamás ha sido su real interés.

La nueva “prosti” debuta como la “nylon” del PRI, con la esperanza de que éste le pague la ‘tuneada’ y le ponga nalgas, colágeno y ‘shishis’.

Pero sepa el PAN que poco o nada le suma a su ‘sugar tricolor’. El PRI solito podía y puede enfrentar a cualquier candidato de Morena. Así que tampoco se crea el PAN que será factor determinante en una eventual victoria, ni crean que serán tratados con especial deferencia, aunque seguramente se darán por bien servidos con preservar su cuota de privilegio habitual.

Para colmo, el PAN ni siquiera pudo hacer de la coalición algo sobrio, propio de una alianza meramente estratégica con el que se suponía era su adversario, sino que en su borrachera triunfalista se hicieron una sesión de fotos de pena ajena, como preludio de la “horchata” política que allí mismo celebraron.

Como sea, felicidades por dar este paso, mi otrora bien ponderado Acción Nacional, que no será un mal paso si les granjea el seguir viviendo de la política coahuilense sin aportar absolutapinchesmente nada. Nomás por favor, no vayan a regresar luego jurándonos que son castas, puras y señoritas.

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Columna: Nación Petatiux

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