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Opinión
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La morralla está desapareciendo, cada vez se batalla más para poder conseguir monedas y pagar las cosas en las tiendas de conveniencia, o hasta el servicio de taxi. Este tema es resultado de que los limpiaparabrisas o los que piden dinero en las calles se han quejado de que la gente les da menos dinero con el argumento de que no traen “cambio”. Este fenómeno no es exclusivo de México, sino que es resultado de la mayor utilización de las tarjetas de crédito, débito o de los medios electrónicos disponibles para pagar prácticamente todo. La consecuencia de esta acción es simple, siempre se paga exacto y no hay necesidad de que nos den cambio con monedas principalmente. Al no haber monedas, las propinas han disminuido de manera importante así como las limosnas de la calle. El asunto ha llegado hasta el punto que las personas no abordan taxis porque no traen cambio o morralla para pagar.

Hay que dejar en claro que las monedas y billetes han reducido su circulación menos del 6 por ciento de marzo del 2020 a junio de 2021, en realidad no es que haya mucho menos dinero, sino que su uso se ha reducido considerablemente. Las monedas y billetes están en los bancos sin usarse. Este fenómeno se está dando por varias razones importantes. La primera es que dado el avance de los medios electrónicos de pago, cada vez más personas utilizan sus teléfonos o tarjetas para transferir dinero. Es común ya pagar los tacos con transferencias de dinero en el momento, comprar en línea se ha vuelto algo tan común que ni siquiera es tema de conversación. En 2019, el comercio electrónico representó en México el 6 por ciento del producto interno bruto, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Para el 2020, un 39 por ciento de la población realizó transacciones económicas vía medios digitales. Además se estima, que el 61 por ciento de los negocios en México ya recibe pagos por cualquier vía electrónica. En pocas palabras, los negocios o las personas que sólo aceptan por sus servicios o productos efectivo están condenados a salir del mercado poco a poco. La segunda razón para la disminución del uso de dinero y de efectivo tiene que ver con la seguridad. Perder efectivo, o dejarlo en cualquier lugar en casa, la oficina o hasta un bolsillo roto podrían ser razones para perder dinero. La poca seguridad en las calles de algunas ciudades y hasta lo impráctico de traer monedas, sobre todo para los varones, las han sacado de circulación. Bolsillos repletos de monedas sonando son “música” para los ladrones que pueden identificar a las personas con potencial de ser robadas.

Otro motivo de suma importancia es el desempleo generado durante la pandemia en los trabajadores de menos ingreso de la economía. Se han publicado estadísticas y se ha comentado también en este espacio que los trabajadores de menos salario fueron los que sufrieron un índice mayor de desempleo, y es este sector el que más usa efectivo. Al no tener un empleo y por consecuencia un ingreso, estás personas dejaron de inyectar morralla al sistema económico de manera significativa.

Los bancos comerciales también han tenido que ver en esta baja de “sencillo” como dicen en algunas partes de México. La emisión de tarjetas de crédito ha dado un respiro, por lo menos parcial y caro a las personas que perdieron su empleo pero los ha dejado sin efectivo temporalmente lo que nuevamente impacta en la imposibilidad de tener morralla. Hace poco escuche a una persona en el supermercado decir que en toda la quincena no había utilizado efectivo, sino que gracias a las tarjetas había podido hacer todas sus compras sin necesidad agarrar dinero o monedas, dejando de lado esta posibilidad de contagio. Desde luego la cuestión sanitaria del manejo del dinero ha creado una “repulsión” por los billetes y monedas, más de las monedas por sus características de mayor circulación. Si ya desde antes nuestras madres nos decían que el dinero era muy sucio porque pasaba por las manos de mucha gente, que no se las lavaba, hoy es uno de los “culpables” de la transmisión de virus y bacterias que goza de una fama nada positiva.

En conclusión, la utilización de billetes y monedas irá reduciéndose paulatinamente. En Suecia, para que se tenga una idea, en el 2019 el 93 por ciento de todas las transacciones económicas se realizaron por la vía electrónica, quedando muy pocas cosas que no se pueden pagar con tarjeta, y hacia allá va el mundo, no sólo México. La eliminación del dinero físico también traerá como consecuencia una mejor fiscalización por parte de los gobiernos. Habrá menos evasión y mayor control de la informalidad ya que toda transacción electrónica deja huella. Sin embargo, habrá mejores condiciones sanitarias pues se reducirán los mecanismos poco higiénicos del intercambio monetario.

La disminución de la circulación de billetes de baja denominación y monedas trajo consecuencias económicas en varias áreas; las propinas, las limosnas, los pasajes en transporte público, hasta el dinero para los niños y jóvenes para su “domingo” son ejemplos de esto y no cambiará la situación a pesar de que se termine la contingencia sanitaria. Los ingresos de las personas que dependen del cambio o morralla bajarán terriblemente. Sólo basta ir a los supermercados de la ciudad y escuchar cuántas veces les dicen a los empacadores “no traigo cambio” para entender la situación. El mundo ya cambió, no es que no haya “cambio”.

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Columna: Otros datos Económicos. Economista y profesor universitario con más de 25 años de experiencia en la docencia e investigación. Estudió y fue profesor-investigador del Tec de Monterrey en el Centro de Estudios Estratégicos. Se doctoró en economía en la Universidad de Glasgow en Escocia, país donde también trabajó como investigador asociado en la universidad de Aberdeen. Ha sido analista financiero y asesor económico externo tanto en el sector público como en el privado. Dirige el Instituto de Estudios Empresariales Coahuila Sureste de Canacintra. Actualmente es profesor de tiempo completo de la facultad de economía de la Universidad Autónoma de Coahuila.

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