‘Bloomsday’

Opinión
/ 16 junio 2022
true

Hoy 16 de junio, Irlanda está de fiesta. Hoy se celebra el “Bloomsday”, el “Día de Leopold Bloom” el protagonista de “Ulises” de James Joyce. Gente, lectores se entregan a recorrer el periplo el cual cumplió el protagonista ese día, 16 de junio, circuito el cual se hace desde 1954. Lo anterior es como ir a recorrer los caminos tortuosos del norteamericano Edgar Allan Poe, los lugares donde se desarrollan las tramas de los textos de Stieg Larsson o de plano, cuando usted se entrega recorrer la famosa ruta de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.

Hoy, 16 de junio, ha sido el doble de especial: se cumplieron 100 años de la publicación de “Ulises” y el país, Irlanda, lo celebró por todo lo alto desde enero y hoy llega a su culmen la celebración. Le llamo la atención en lo siguiente señor lector: es de tal importancia esta fecha en Irlanda, la cual sólo es opacada por sus celebraciones como país. Pero, vea usted lo siguiente y el poder de la literatura, de la ficción: hoy se celebra por todo lo alto cien años de una obra de ficción, con una fecha ficticia de un personaje ficticio el cual sólo habita en “Ulises”, obra publicada en 1922. De este tamaño es la influencia de la buena y eterna literatura.

¿Es Dublín la ciudad más literaria del mundo, es Irlanda el país más literario del mundo? A decir por la siguiente y anárquica nómina de escritores, podríamos afirmar: sí. James Joyce, Oscar Wilde (mi adorado por siempre Wilde), Samuel Beckett (Nobel de las Letras), Jonathan Swift, W.B. Yeats, Bram Stoker, Seamus Heaney (Nobel de las Letras)... puros ases de la pluma y de la inteligencia.

Usted y yo lo hemos repasado aquí en varias ocasiones anteriores: “Ulises” de Joyce, “Rayuela” de Julio Cortázar, la poesía casi toda de Octavio Paz, “Frankenstein” de Mary B. Selley, “Bajo el volcán” de Malcom Lowry, “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust, “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes, son esos libros los cuales todo mundo cita... sin haberlos leído. De hecho, hay una página de una agencia de viajes en el mundo la cual estaba promoviendo la vista a Irlanda por el “Bloomsday” con la siguiente leyenda: “El festival para disfrutar de James Joyce sin haberlo leído”.

En inglés, James Joyce utilizó poco más de 265 mil palabras para narrar un día (alrededor de 18-19 horas) en la vida de su protagonista, Leopold Bloom. Un oficinista gris y descastado, el cual nos encarna a todos nosotros en esta era moderna, industrial y despersonalizada la cual nos ha tocado habitar. Y padecer, realmente. La obra, “Ulises”, tiene fama de difícil. No se deja deglutir ni catar con facilidad: lo es. El libro es complejo, duro de leer y roer. No pocos lectores lo han intentado en varias ocasiones y terminan por dejarlo. Hasta el mismo Jorge Luis Borges en su momento, lo dejó escrito en “Inquisiciones”: “Confieso no haber desbrozado las setecientas páginas que lo integran, confieso haberlo practicado solamente a retazos y sin embargo sé lo que es...”

Esquina-bajan

Cuentan las crónicas y la leyenda: la primera edición (literal, fue y es de colección debido a la forma en la cual fue editado por haber sido prohibido en su momento y merced a la forma de comercializarlo por la legendaria dama de la librería “Shakespeare and Company”, Sylvia Beach) de “Ulises” pesaba kilo y medio y constaba de 732 páginas. Su precio fue menor a 10 dólares. Hoy en día, esa primera edición, de conseguirse un ejemplar claro, está cotizado en más de 180 mil dólares.

El manuscrito de “Circe”, el cual fue destruido al parecer una vez por el esposo de una secretaria al leerlo y comprobar la cantidad de “cochinadas”, obscenidades y vulgaridades ahí narradas, fue adquirido por la Biblioteca Nacional de Irlanda en 1.5 millones de dólares. Nada, nada mal para un autor el cual y como todo genio, vivía en la miseria. Así murió.

En una de tantas idas y venidas de su periplo y su exilio voluntario de Irlanda, la familia de Joyce fue recibida en Trieste, Italia, por su hermano menor, Stanislaus, el cual en un relato demoledor, así los retrata: al bajar del tren los vio sucios y “casi tan flacos y pobres como los inmigrantes italianos”; (James, Jim para él), “estaba pálido, sin afeitarse, aún más flaco que cuando se había ido y que al parecer, había estado bebiendo, mientras que Nora (esposa de Joyce) parecía más miserable que nunca...”

El libro es duro de roer. Es difícil. De hecho, en muchas parcelas de su narrativa, es ilegible. Al menos para mí. Pero, no estoy solo en esto: “Ulises” suscita padecer el odio de leerlo o el entusiasmo al terminarlo. Rápidos ejemplos y al azar en la historia de este libro. Virginia Wolf dijo de “Ulises”: “(es) una obra fallida... el libro es difuso. Es enmarañado. Es pretencioso. Es de baja ralea...” Un no menos aguerrido Aldous Huxley dijo: “uno de los libros más aburridos de la historia universal.” Pero, para Ezra Pound, T.S. Eliot y Yeats, era la obra cumbre de la literatura mundial. Sencillamente, una genialidad.

Letras minúsculas

He dado cuenta de sus más de 800 páginas. En nuestra tertulia sabatina de “Café Montaigne” le seguiré presentado mi asedio crítico al libro y a la figura libidinosa de Joyce. Pues sí, de la cima a la sima.

Temas



NUESTRO CONTENIDO PREMIUM