Café Montaigne 398: Kafka en tiempos de corrección política

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Opinión
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Naturalmente, usted ya lo sabe, señor lector: a la güera Jazmín le di a leer casi todo Franz Kafka (1883-1924). Y lo primero lo cual le recomendé fue ‘La Metamorfosis’

– Jesusito amado...

– No estés jodiendo, güerita...

– ¿Qué dijiste, pedazo de imbécil? Y eres un pedazo, porque ni a imbécil completo llegas. Estás reflaco y tienes razón, eres un viejo para mí, baboso. Aquí estoy yo, hablándote bonito, con delicadeza y toda la cosa y, ¡ah!, el pedazo de imbécil que tengo a mi lado me dice una grosería. ¿Sabes por qué nosotras, las mujeres bonitas y buenas, los dejamos y botamos a ustedes, los hombres? Porque todos son iguales, como tú, unos estúpidos, los cuales no saben tratar a las mujeres...

https://vanguardia.com.mx/opinion/block-de-notas-100-jugar-con-las-patas-no-con-el-cerebro-BG21057677

– Discúlpame, güerita. Pido muchas disculpas, es que pensé que usted se estaba burlando. Es la primera vez que me hablas así, es la primera vez que dices esas palabras y, la verdad, pensé que te estabas divirtiendo. Lo siento...

¿Se le puede decir diálogo a lo anterior? ¡Puf! El escenario: estábamos apoltronados en una cama amplia en el hotel donde vamos a platicar (es un eufemismo) y reposar la güera Jazmín y su servidor. Siempre en la ciudad de Monterrey, claro. Ella estaba en su parcela de cama, yo en la mía. Cada quien tenía un libro en la mano y, de fondo, un buen jazz en la enorme pantalla de televisión, la cual inunda la habitación.

– Otra vez disculpas, Jaz. Es que usted me agarró por sorpresa con sus palabras. Dígame, señorita guapa...

– Bueno, ya se me está pasando el coraje. Y te pido disculpas. Es que “ando en mis días” y debes comprender todo lo que sentimos las mujeres en estos días complicados. De hecho, te agradezco me hayas traído a reposar y platicar. Ayer y hoy han sido días muy fastidiosos en el restaurante. Bueno, uno tiene que poner su mejor cara a los clientes. Siempre. Ellos no tienen la culpa de cómo se siente una con “estos días”. Jesús, ¿qué es un agrimensor? ¿Qué es la agrimensura? Tu amigo, el europeo, escribe bien, sí me gusta. Ta’reloco el hombre. El primer libro que me diste a leer de él, mira que hay que estar muy loco para que un hombre amanezca convertido en bicho. Un gigantesco bicho y mira que me dolió su muerte...

Naturalmente, usted ya lo sabe, señor lector: a la güera Jazmín le di a leer casi todo Franz Kafka (1883-1924). Y lo primero lo cual le recomendé fue “La Metamorfosis”. Sí le gustó, afortunadamente. Pero ahora, le dije se aplicara a leer “El Castillo” por un motivo, el cual usted ya lo sabe: se cumplen 100 años de la primera edición de dicha novela portentosa y cumbre de la literatura universal. Como toda la obra de Kafka.

Agrimensor: un hombre que se dedica a medir terrenos, tierras. Así de sencillo. Pero también, así de complicado. Ambos interrumpimos nuestras lecturas y traté o empecé a platicarle a la güera Jazmín de lo valioso de un libro como “El Castillo” y sus múltiples interpretaciones y lecturas. La güera va en las primeras páginas, justo cuando aparece el agrimensor K (¿Josef K?) en la aldea, el pueblo en las faldas de un castillo, el cual no es un castillo. Es una entidad de gobierno, un ente burocrático (como Morena o el actual gobierno de Claudia Sheinbaum, es un decir, pues) y despótico, el cual se reserva para sí todo el poder sobre sus subordinados (ojo, no son ciudadanos “normales”. ¿Le suena lo anterior hoy?).

ESQUINA-BAJAN

La güera Jazmín va comenzando a leer “El Castillo”. Yo estoy a punto de terminarlo. Lo leí en su momento, pero la verdad ya no recordaba nada. O poco. Ha sido un redescubrimiento leer esta novela, la cual, insisto, tiene muchas interpretaciones y lecturas. Como toda obra genial y abierta. Me ha sido grato señalar con lápiz las aristas gastronómicas, las de poder omnímodo de los personajes; la belicosidad latente del agrimensor K; las relaciones de él con las mujeres, el sentido de la “otredad”, el clima como otro personaje vivo, las geniales descripciones de Kafka...

Pero ahora, y con motivo de la mamada del “8M”, lo repito, ahora con la mamada y estupidez del eterno “8M” (ya pronto va a acabar, gracias a Dios; con la derecha inteligente y bien peinada, la cual ya gana en todo lugar, la anterior moda va a pasar a ser cadáver en poco tiempo), he señalado todas las referencias del maestro Kafka, las cuales pueden ser políticamente incorrectas hoy, bajo la lupa absurda de “la equidad de género”, “grupos vulnerables” y/o “respeto de minorías”.

https://vanguardia.com.mx/opinion/cafe-montaigne-397-cantaros-33-anos-de-vida-EC20991445

A vuela pluma, amén de presentarle luego aquí o en otro lugar un ensayo al respecto, unas letras las cuales hieren hoy, pero ayer eran algo normal. Insisto, las “mujeres” que siguen la “filosofía” nazi de la intolerancia en un eterno “8M” deberían quemar todo Kafka. Lea usted: “(El posadero) parecía un adolescente con su rostro suave y casi barbilampiño. ¿Cómo era posible que se hubiera podido casar con esa mujer (la posadera) tan gruesa y de edad tan avanzada...”. Es decir, gorda y vieja, señor lector.

La güera Jazmín me escucha. Y reposa en la cama, con una bata de baño la cual la cubre, pero no del todo. Está contenta y se sabe amada. Recatadamente se cubre sus piernas bien torneadas cuando parte de la bata se sale de control. Pero, en un giro inesperado, se quita su brassiere de encaje negro (¿el pectoral de la Mujer Maravilla?), me lo da y me dice: “Jesús, ponlo a un lado. Oye, te voy a hacer una propuesta indecorosa. ¿Me harías el amor así, con mi menstruación? ¿Qué piensas, es bueno o malo? La verdad, ya se me antojó...”.

LETRAS MINÚSCULAS

Esta patética historia de mi vejez, claro, va a continuar...

Nació en Saltillo, Coahuila, el 1 de marzo de 1965. Periodista y poeta. Escribe la columna Contraesquina

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