Carranza, el cine y la soberanía nacional
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Hoy es el aniversario número 109 de la promulgación de nuestra Carta Magna, el cual propicia el primer “puente” del año y que este 2026 coincidió con el Día de la Candelaria.
En el mes de mayo de hace seis años, en ocasión del centenario de la muerte del presidente coahuilense Venustiano Carranza, a quien se le atribuye la gestión y aplicación del histórico documento, recordamos en estos mismos espacios que como presidente constitucional fue el primer mandatario mexicano en impulsar la cátedra cinematográfica a través de la fundación, el 24 de abril de 1917, de la primera escuela cinematográfica que se instaló en el Centro Histórico de la capital del país, bajo la dirección del actor Manuel de la Bandera y, según se leyó en “The Moving Picture World”, estaría dedicada a preparar artistas para trabajar detrás de las cámaras.
De forma paralela a esta iniciativa, tras la firma de la Carta Magna, hubo algunas producciones que tomaron como referencia al hecho. como fue el caso del cortometraje documental “Reconstrucción Nacional”, producido por la Compañía Cinematográfica Queretana S.A. presidida por el cineasta oriundo de la ciudad capital que fue cuna de nuestra constitución política actual, Miguel Ruiz Moncada, y en el año de 1919, se estrena gracias al apoyo del ejecutivo “El automóvil gris”, largometraje documental de la autoría del cineasta poblano Enrique Rosas sobre la banda del mismo nombre que aterrorizó a la Ciudad de México en 1915.
Ahora que tanto se llena la boca el actual gobierno federal de apoyar al género femenino, desde que Venustiano Carranza fungió como primer jefe del Ejército Constitucionalista, agradecido por la calidad de trabajo en una fotografía que le tomaron en 1915 dos hermanas de origen veracruzano, Adriana y Dolores Ehlers, les concedió una beca para estudiar en el extranjero a partir del 4 de diciembre de 1916 en Boston, para que, al regresar tres años después, y luego de concluir los mismos en la ciudad de Nueva York en los Estudios Universal, fueran las encargadas del primer laboratorio cinematográfico del gobierno mexicano, así como sus primeras cineastas mujeres.
De igual manera, en el último año que ha sonado tanto en boca de la presidenta de la República el concepto de “soberanía nacional”, al mandatario coahuilense le tocó lidiar en octubre de 1919 con el secuestro del empresario y cónsul estadounidense en Puebla, William O. Jenkins, supuestamente por fuerzas zapatistas, incidente que tensionó las relaciones diplomáticas entre México y EU ya que el gobierno de Carranza sospechaba que el secuestro era fingido o “autosecuestro” por parte de Jenkins para obtener dinero o generar conflicto. A la postre, Jenkins llegó a monopolizar el cine mexicano a través de la Compañía Operadora de Teatros S.A.
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