La administración de Donald Trump ha implementado un radical cambio de estrategia enfocado en la persecución penal y el desmantelamiento de las redes de narcopolíticos y corrupción institucional en México, yendo más allá de la captura de capos.
El gobierno estadounidense busca procesar judicialmente, a través de agencias como el Departamento de Justicia, la DEA y la CIA, a funcionarios, gobernadores y legisladores vinculados con los cárteles, lo que ha endurecido las tensiones diplomáticas.