Coahuila: Una veda de 20 años salvó al oso negro

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Opinión
/ 5 marzo 2026

En el Potrero, el oso baja de la sierra y sacude los manzanos, los ciruelos y los durazneros para comer de sus sabrosos frutos

La voluptuosa rubia del 14 le dijo a la esposa del vecino: “Aquí está la taza de azúcar que me mandó pedir con su marido. Él regresará cuando se reponga un poco”... Aquel señor se hallaba en el lecho de la última agonía. Su mujer clamó con desesperación: “¡No te vayas, Pavito! ¡No me dejes! ¡Por favor no te mueras! ¡Recuerda que no me queda bien el color negro!”... Don Acisclo era poeta municipal. En el pequeño lugar donde vivía gozaba de consideración y fama, pues en la región no abundaban los poetas. Había, sí, numerosos curas, abogados, médicos, boticarios, tenedores de libros, notarios, comerciantes y agentes de seguros, pero poetas había muy pocos. De ellos, el más notable y reputado era don Acisclo. (En este momento el bardo ingresa a la columna y le dice al escritor: “Perdone, caballero: ¿no podría usar alguna otra palabra en vez de ‘reputado’? El vocablo es malsonante, cacofónico, y se presta a equívocas interpretaciones”. El columnista siente un gran respeto por los poetas, así que de inmediato cambia la palabra “reputado” por “distinguido”). Don Acisclo se describía a sí mismo como “liróforo”, lo cual aumentaba su prestigio. Un día anunció urbi et orbi que cambiaría provisionalmente el cálamo del vate por la más ligera péñola del dramaturgo. Iba a escribir una obra para ser representada en el palco escénico. Aquel anuncio conmocionó al pueblo. De inmediato el alcalde ordenó la restauración del teatro de la municipalidad a fin de que estuviera listo para el estreno. “El Tribunal del Mundo”, periódico jocoserio y de combate, dio a conocer la noticia a ocho columnas, y en la tertulia cotidiana de la botica “La salud” los tertulianos discutieron sobre el tema del potente drama que de seguro saldría de la minerva de don Acisclo. Tan grande fue la expectación que el alcalde le pidió respetuosamente al bardo un adelanto de su obra. Para el efecto, se convocó a una sesión plenaria del cabildo con presencia del autor y de las fuerzas vivas de la comunidad. Don Acisclo relató el argumento de la pieza. Rodulfo, el protagonista, se enamora de Adelaida, la damita joven. Ella ama en secreto a Ferdinando, que a su vez está prendado de Ginelda, que tiene un romance oculto con Bertino, el novio oficial de Adelaida. La trama era tan enredada que nadie la entendió, y el alcalde se vio en la necesidad de preguntarle respetuosamente a don Acisclo cómo destejería aquella complicada urdimbre. Respondió el dramaturgo: “En la escena final entra un oso y se los come a todos”... El oso negro había casi desaparecido de los extensos bosques de Coahuila. Una veda que duró 20 años, y que fue respetada lo mismo por los campesinos que por los cazadores, permitió que ese bello animal se conservara y volviera a abundar. En el Potrero, el oso baja de la sierra y sacude los manzanos, los ciruelos y los durazneros para comer de sus sabrosos frutos. Verlo desde el ventanal de la cabaña compensa sobradamente las mermas ocasionadas por la glotonería del plantígrado. El cuidado de la naturaleza y sus criaturas es tarea que redunda en beneficio del animal más peligroso del planeta: el hombre... En el café los amigos comentaban los sucesos de Irán. Preguntó uno: “En caso de explosión nuclear, ¿cuál es el lugar más seguro para estar?”. Respondió otro: “Cualquiera en que luego puedas preguntar: ‘¿Qué chingaos fue eso?’”... Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, amaneció de buen humor, y por jugar se acercó por atrás a la linda mucama de la casa y le tapó los ojos. Dijo la curvilínea fámula: “Ahorita no, señor. Espere a que se vaya la señora”... FIN.

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Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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