Concierto para timbales y orquesta

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Opinión
/ 18 marzo 2026

Según las bases de datos musicales MusicBrainz, y Discogs el Canon en re mayor, (1680) de Johann Pachelbel (1653-1706) ha sido grabado más de 1000 ocasiones. De acuerdo con EBSCO le sigue la sinfonía No. 5 en do menor, Op. 67, de Beethoven, con 600 registros. Respecto a los conciertos para instrumento solista y orquesta, el más grabado ha sido el Concierto para piano No. 2 en do menor, Op. 18 (1901) de Serguéi Rajmáninov (1873-1943), nuevamente de acuerdo con Discogs y MusicBrainz.

Inicio con estos tiquismiquis numéricos porque la página oficial de Ney Rosauro — https://www.neyrosauro.com/about/bio-espanol/— dice, y cito: “Su Concierto para marimba y orquesta es el más popular de todo los tiempos, y ha sido interpretado por más de 4.000 orquestas diferentes de todo el mundo.” El dato es escalofriante y, cotejados con otros conciertos para percusiones, sólo se le compara en frecuencia de interpretación con el Concierto para percusión y pequeña orquesta, Op. 109 (1930) de Darius Milhaud (1892-1974): entre 3,000 y 5,000 interpretaciones desde su estreno. Sin ánimo confrontativos, el de Milhaud lleva 95 años en escena, y el de Rosauro sólo 40.

Qué tiene Rosauro en la cabeza y en el corazón que lo ha posicionado, actualmente, como el percusionista académico más popular de Occidente.

Nacido en 1952 en Río de Janeiro, Brasil, Ney Gabriel Rosauro dejó la casa paterna para vivir en Brasilia, donde aprendió a tocar la guitarra, la mandolina y el bajo eléctrico. Con esas armas se metía a los clubes nocturnos a ganarse unos centavos. De día impartía clases en escuelas primarias, más que por dinero, por el afán inagotable de compartir la música con las crianças. Ahí, en la Universidad local, estudió piano, violín, oboe, flauta y contrabajo, hasta que, en 1977 se graduó como Licenciado en Música, en Composición y Dirección de Orquesta.

Un momento. Cómo llegó Rosauro a la percusión, si hasta ahora no se le ve en la biografía ningún cuero tensado.

Pues en el último año de la licenciatura conoció a Luiz Anunciação, timbalista de la Orquesta Sinfónica Brasileña, y desde entonces la vida le cambió. “Durante los dos años siguientes —escribe la periodista y percusionista Lauren Vogel Weiss en “PAS Hall of Fame: Ney Rosauro”—, Rosauro viajaba una vez al mes en autobús durante 22 horas hasta Río de Janeiro para estudiar con Anunciação. «No solo aprendí técnicas básicas de percusión —dice Rosauro a Lauren Voguel—, sino también cómo tratar los instrumentos de percusión con sensibilidad».

De aquel aprendizaje inicial Rosauro se trajo el alma —el soul— con el que compone e interpreta las percusiones. Lo demás fue técnica, como él mismo lo dice al referirse a sus estudios en la Universidad de Música de Würzburg, en 1982, cuando empezó a tocar con cuatro baquetas: «Era una forma de desarrollar mi técnica —continúa Rosauro diciendo a Vogel Weiss— y crear un repertorio de música brasileña».

A lo largo de más de 40 años escribiendo música y dándole a las baquetas, Rosauro ha marcado un hito percusivo. Hasta antes de él muchos instrumentos de percusión jugaban un rol de mero acompañamiento. Él construyó una manera de componer académicamente para que, instrumentos como la marimba o el vibráfono, llevasen la melodía principal. En este sentido es obligatorio referir al majestuoso y explosivo Lionel Hampton (1908-2002), quien hiciera lo propio en el jazz con obras como Midnight Sun, Vibraphone Blues o Flying Home.

También Rosauro dotó a sus obras de suave lirismo y lo llenó de frases cantables, por lo que es usual ver al público salir de sus conciertos tarareando sus melodías, frescas, ligeras y con frecuencia llenas de humor. No significa que haya liviandad en su música, todo lo contrario. Sus obras son técnicamente exigentes, pero el virtuosismo exigido busca servir a la música, no solo a la técnica.

El próximo viernes 20 por la noche la orquesta filarmónica del Desierto ofrecerá el risueño Concierto para timbales y orquesta de cuerdas Op. 37, de 2003, en el que se disfrutarán los pasajes rápidos con cuatro baquetas, y el diálogo entre las cuerdas y los cinco tambores del timbal, presentes en el I y III movimientos, Bachroque y Horse Ride, respectivamente; y la dulzura del II movimiento, llamado Aria, en el que se indica atacar los timbales a puño limpio y mano abierta.

Teatro de la ciudad 20:30 hrs.

Estudió Letras Españolas en su estado natal, ha escrito narrativa y ensayo. Su interés se centra en literatura policiaca, presente en sus estudios y en su obra de creación. Yo siempre estoy esperando que los muertos se levanten parte del viaje de su protagonista para realizar una investigación sobre la estancia de Francisco Villa en la ciudad de Delicias; la anécdota le sirve para la creación de una novela de suspenso con tintes policiacos. Su segunda novela, Nadie sueña, recrea y denuncia el mundo de la violencia, del crimen y la corrupción del sistema judicial y de los círculos del poder en los estados del norte. Sus personajes, al principio presos de un gran desaliento, logran rebelarse ante esta situación. En sus cuentos se repiten las mismas obsesiones del autor por la intriga propia del relato policiaco.

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