Cultura y Pop: Hockney en el Pompidou

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Opinión
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La obra ‘Mis padres’, exhibida en una retrospectiva de David Hockney en el Centro Pompidou, sirve como punto de partida para reflexionar sobre el amor, la libertad y la capacidad del arte para transformar la mirada

Fue una de esas veces que, sin planearlo, uno termina en el lugar adecuado.

En el verano de 2017 fui a pasar unos días a París y, para mi fortuna, en el Centro Pompidou había una retrospectiva de David Hockney, quien acababa de cumplir ochenta años.

Entre lo mucho bueno que había, estaba “Mis padres” (1977). Como siempre, una cosa es haber visto la fotografía de una pintura y otra muy diferente verla en vivo y en directo.

”Mis padres” capta tan solo un momento; sin embargo, cuenta la relación de una vida entera.

El espectador “asiste” a esta pintura desde la posición en la que estaba sentado Hockney. Del lado derecho está su padre, encorvado y consultando algo en un libro; es evidente que está entusiasmado y que aquello que busca está relacionado con la conversación que mantiene con su hijo, a quien quiere mostrarle algo.

Del lado izquierdo está la madre del artista, que no está consultando libros ni buscando citas, sino mirando a su hijo con una expresión de amor absoluto.

Que Hockney consiguiera capturar esa mirada es una de las razones que lo convirtieron en un titán del arte.

La belleza del cuadro aumenta cuando uno sabe que Hockney era homosexual y que así se lo hizo saber a sus padres desde muy joven. Esto sucedió en 1960, cuando en Inglaterra —vaya locura— todavía era un delito ser homosexual.

La reacción de sus padres fue inmediata y clara: “Vive tu vida. Nunca hagas caso de lo que digan los vecinos. Nada ha cambiado para nosotros. Nuestros sentimientos hacia ti son exactamente los mismos que hace un minuto”.

Unos años después, Hockney visitó por primera vez Nueva York, donde la energía de la ciudad y la libertad con la que vivían los homosexuales le abrieron puertas vitales. Poco después se mudó a Los Ángeles, donde se obsesionó con la luz y las piscinas, y pintó muchos de los cuadros que hoy se celebran como piezas clave del arte moderno.

Hockney se convirtió en una fuerza artística y vital, que vestía con los mismos colores que usaba en sus pinturas. Nunca dejó de pintar, ni de probar nuevas composiciones, ni de utilizar nuevas tecnologías. La exhibición en el Pompidou estaba llena de diferentes perspectivas, colores brillantes e ideas inesperadas. De creatividad y libertad.

Al salir de la exhibición había una pared donde Hockney escribió una frase: “Love Life. DH.”. Quienes veníamos de contemplar la exuberancia y la belleza de su obra entendíamos que esa frase era la consecuencia natural de esa idea.

No es extraño que ver arte sea, precisamente, una de las cosas que ayudan a amar la vida. (La próxima semana escribiré sobre otra de las piezas de esa exhibición).

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Doctor en Literatura por la Universidad de Salamanca. Vive en Europa desde el 2000, donde ha viajado extensamente. Ha sido guionista y locutor de radio, y escritor de libros, museos, arte, viajes, conciertos, y películas. Actualmente es profesor en la Universidad de Ciencias Aplicadas Zuyd en Maastricht (Países Bajos), donde imparte clases de Lengua y Cultura Española, Comunicación Intercultural, Presentation Skills y Storytelling. En sus noches libres cocina para rockeros y poperos en la sala de conciertos Muziekgieterij.

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