El ciclo global del agua es una infraestructura crítica

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Opinión
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El aumento de las temperaturas, la degradación de los ecosistemas y los cambios en los patrones de precipitaciones están debilitando los sistemas naturales que regulan los caudales y la calidad del agua

Por Erik Berglöf, Project Syndicate.

BEIJING- El ciclo global del agua es el sistema de soporte vital de nuestro planeta. Es una potente bomba ambiental, en la que los bosques transpiran humedad y reabastecen gigantescos ríos atmosféricos de agua dulce. También es un termostato global, que regula el clima a través de la evaporación y la formación de nubes. Y es un filtro gigante, que purifica el agua a medida que se filtra a través de los suelos y los humedales.

Sin embargo, si bien toda la vida depende del ciclo del agua, este se encuentra sometido a una presión cada vez mayor y está perdiendo su capacidad para desempeñar estas funciones esenciales, lo que ha llevado a las Naciones Unidas a declarar una nueva era de “bancarrota hídrica global”. El aumento de las temperaturas, la degradación de los ecosistemas y los cambios en los patrones de precipitaciones están debilitando los sistemas naturales que regulan los caudales y la calidad del agua, mientras que la infraestructura convencional, diseñada para condiciones hidrológicas históricas, está cada vez más expuesta a la variabilidad, la sedimentación y las alteraciones.

Para proteger el ciclo del agua de estas presiones contrapuestas, debemos adoptar una perspectiva holística y sistémica. Eso significa tratar el ciclo del agua en sí mismo como una infraestructura compartida y reorientar las inversiones y la gobernanza en consecuencia.

Como primer paso para proteger la infraestructura natural que nos ha servido durante siglos, los gobiernos, los inversores y los bancos multilaterales de desarrollo deberían hacer hincapié en retener el agua en su entorno natural siempre que sea posible. Los esfuerzos para proteger los bosques, los humedales, las cuencas fluviales y la cobertura del suelo son fundamentales para mitigar las alteraciones del ciclo del agua y adaptarse a las crisis.

Para que sean plenamente eficaces, estas intervenciones deben concebirse a nivel de ecosistemas completos. Por ejemplo, el proyecto Delta Blue Carbon, la mayor iniciativa mundial de restauración de manglares- ha facilitado la plantación de decenas de millones de plántulas de manglar en la costa sureste de la provincia de Sindh, en Pakistán, restaurando más de 75 mil hectáreas de bosques de manglares y humedales mareales degradados. Se prevé que estas iniciativas capturen 142 millones de toneladas de dióxido de carbono durante los próximos 50 años, además de proteger contra las marejadas ciclónicas y proporcionar zonas de cría para la biodiversidad marina.

Más allá de restaurar la infraestructura natural (verde) de la que ya dependemos, también debemos realizar inversiones en infraestructura tradicional (gris) para fortalecer la resiliencia de los sistemas hídricos frente al aumento de las temperaturas, al deshielo de los glaciares y a condiciones climáticas más volátiles. Por ejemplo, el proyecto de presas de Indonesia , cofinanciado por el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), el Banco Mundial y el gobierno de Indonesia, tiene como objetivo reforzar las barreras contra las inundaciones y preservar fuentes clave de abastecimiento de agua. Combina medidas de ingeniería, como el dragado y la rehabilitación estructural, con la restauración de ecosistemas para hacer frente a la acumulación de sedimentos y sus consecuencias.

Esta combinación de infraestructura verde y gris tiene el potencial de respaldar los esfuerzos de mitigación y adaptación para proteger el ciclo del agua frente al cambio climático. Pero aunarlas requiere una armonización en materia de gobernanza, datos y financiación.

Desde el punto de vista de la gobernanza, el agua se trata, con demasiada frecuencia, como un bien local, y no como el recurso compartido y transfronterizo que es. Como muestra el BAII en un informe reciente, Where the Water Flows, la célebre Convención de Ramsar -un tratado intergubernamental para la conservación de los humedales firmado en Ramsar, Irán, en 1971- ha funcionado bien en las economías avanzadas del mundo, especialmente en el caso de los humedales más pequeños. Sin embargo, ha sido mucho menos eficaz en países con una capacidad institucional débil y recursos limitados.

Afortunadamente, los avances científicos y tecnológicos podrían transformar la gestión del agua, al permitir el seguimiento de cada gota de agua. Los datos satelitales, la teledetección y los modelos mejorados ya permiten el monitoreo en tiempo real de los flujos de agua, el rendimiento de la infraestructura y las condiciones ambientales. Y ahora, la IA y el aprendizaje automático pueden mejorar la predicción de inundaciones, optimizar la programación del riego y facilitar el mantenimiento predictivo.

Asimismo, aprovechar estas tecnologías para mejorar la gobernanza del agua sentará las bases para un incremento de la inversión en el ciclo hidrológico -y esto es muy necesario-. Tal y como están las cosas, se estima que se necesitan 7 billones de dólares para cerrar la brecha de financiación global destinada a la inversión en infraestructura hídrica de aquí a 2030.

Los bancos multilaterales de desarrollo desempeñan un papel fundamental en la movilización de fondos para la preservación del ciclo del agua. El BAII constata que los proyectos relacionados con el agua representan una proporción cada vez menor (alrededor del 14%) de la ya menguante ayuda oficial para el desarrollo global. Por lo tanto, es imperativo que los bancos de desarrollo incrementen sus inversiones en todo el ciclo del agua para integrar la infraestructura natural, de ingeniería y digital; promuevan reformas económicas para armonizar las políticas fiscales a nivel transfronterizo, y movilicen financiación privada hacia intervenciones centradas en el agua.

Ante un futuro hídrico más incierto e inseguro, corresponde a los gobiernos y a las instituciones financieras garantizar que la restauración y el mantenimiento de nuestro ciclo del agua sean una prioridad clave para el desarrollo. Debemos unir fuerzas para aprovechar los avances recientes en ciencia, tecnologías de monitoreo y disponibilidad de datos con el fin de mejorar la gobernanza y ampliar la financiación. El agua es el cimiento que conecta todos los aspectos de la vida humana. No puede haber mayor prioridad que la protección del ciclo del agua. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Erik Berglöf es economista jefe del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura.

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