El declive y la caída del imperio del dólar

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Opinión
/ 10 abril 2026

China ha superado a Estados Unidos como potencia comercial

Por Barry Eichengreen, Project Syndicate.

SEÚL- Se respira inquietud en el aire sobre el papel global que el dólar estadounidense desempeñó en el pasado y el que podría desempeñar en el futuro. Para comprender las perspectivas del dólar, los expertos han puesto la mirada en la libra esterlina británica, predecesora del dólar como moneda internacional dominante, y se han preguntado cómo el estancamiento económico, las pesadas deudas y las aventuras geopolíticas fallidas, como la de Suez en 1956, se confabularon para despojarla de su papel global.

Pero los observadores bien informados pueden recurrir a una historia mucho más larga de las monedas internacionales, unidades utilizadas en transacciones transfronterizas, que se remonta desde el florín neerlandés de los siglos XVII y XVIII hasta el florín florentino de los siglos XIV y XV y el denario de plata de la antigua Roma.

De hecho, se puede argumentar que el denario romano fue la primera verdadera moneda internacional. Se han encontrado tesoros no solo en los antiguos territorios del Imperio Romano, sino también a lo largo de la Ruta de la Seda, desde la India y Sri Lanka hasta China.

Las fechas de estos tesoros de monedas coinciden con la llegada a Europa de mercancías procedentes de esas mismas zonas de Asia, lo que pone de relieve la importancia del poderío comercial de Roma y su alcance comercial para respaldar su moneda. Los romanos contaban con buques de carga de un tamaño sin precedentes, capaces de realizar largos viajes. No es de extrañar que llevaran consigo su moneda autóctona.

La unificación política de la cuenca mediterránea bajo el dominio romano fomentó aún más la actividad comercial. Esta actividad estaba regulada por funcionarios romanos, respaldada por un ejército formidable y facilitada por la disponibilidad de una moneda estable y uniforme. Para garantizar la calidad, solo las autoridades romanas tenían permiso para acuñar monedas de plata y oro. La acuñación estaba bajo la autoridad del Senado, cuyos miembros recibían informes periódicos de los tresviri, magistrados subalternos que supervisaban las casas de la moneda.

Como reflejo de esta autoridad, el contenido de plata del denario se mantuvo estable, tanto en peso como en pureza, durante 300 años. La acuñación uniforme significaba que los comerciantes, al aceptar un pago, sabían lo que estaban recibiendo. Les permitía realizar pagos sin necesidad del traslado físico de monedas o lingotes pesados y valiosos. Y, dado que las monedas podían entregarse en un lugar a cambio de ventas y recibos en otro, evitando así los costes y riesgos del transporte de metales preciosos, la moneda comenzó a dar paso al crédito, anticipando el desarrollo de los mercados financieros modernos.

Así, vemos en Roma los requisitos fundamentales para una moneda internacional ampliamente aceptada: garantía de calidad, capacidad comercial, un sistema financiero sofisticado, controles y contrapesos políticos, y seguridad geopolítica para el emisor.

El caso romano también nos recuerda que estos requisitos previos no deben darse por sentados. El Estado romano, a medida que envejecía, se volvió más burocrático. Las tradiciones democráticas de la República, que permitían al Senado controlar la emisión excesiva, dieron paso al gobierno de un solo hombre, cuyos caprichos imperiales, incluidos los relacionados con el dinero, podían quedar sin control.

El Estado de derecho decayó y la corrupción se generalizó, a medida que la propiedad se concentraba cada vez más en manos de quienes tenían conexiones políticas. El mantenimiento de un gran ejército requería recaudar impuestos que absorbían hasta un tercio de los ingresos de Roma, lo que socavaba las actividades comerciales del imperio. Los elevados impuestos fomentaban la evasión por parte de los grandes terratenientes, en connivencia con los funcionarios (a menudo ellos mismos grandes terratenientes) encargados de recaudar los pagos.

Como resultado, la devaluación, la reducción del contenido de plata del denario, comenzó bajo el emperador Nerón, quien acuñó monedas adicionales en un esfuerzo desesperado por financiar su ambicioso programa de construcción de canales, así como para reconstruir Roma tras el gran incendio del año 64 d. C., construir su extravagante palacio Domus Aurea de 300 habitaciones y librar costosas guerras en múltiples frentes. Los tresviri quedaron subordinados a la autoridad imperial central.

Los emperadores posteriores siguieron a Nerón por esta pendiente resbaladiza. Las monedas antiguas se acapararon o se fundieron, mientras la economía se inundaba de nuevas denominaciones casi sin valor. En un par de siglos, el papel internacional del denario había desaparecido.

No es difícil percibir ecos de esta historia antigua en la actual inquietud en torno al dólar. China ha superado a Estados Unidos como potencia comercial. Los aranceles del presidente Donald Trump están empujando a otros países a los brazos de China y animándolos a cerrar acuerdos comerciales preferenciales entre ellos.

Estados Unidos no ha devaluado el dólar, pero se habla mucho del llamado «comercio de la devaluación», en el que los inversores extranjeros se alejan de los bonos del Tesoro estadounidense por temor a que la elevada deuda pública y las amenazas a la independencia de la Reserva Federal erosionen el poder adquisitivo del dólar. El país puede estar militarmente seguro, pero los costes fiscales de desplegar ese ejército en Oriente Medio no hacen más que aumentar las preocupaciones sobre la deuda y la depreciación del dólar.

Estados Unidos no tiene un emperador, pero su política está cada vez más sujeta al dominio de un solo hombre que amenaza sus tradiciones democráticas. La corrupción institucionalizada se ha convertido en la norma, no en la excepción.

¿Presagia esto la caída del Imperio estadounidense, al igual que el reinado de Nerón presagió la caída del Imperio romano? No necesitamos un oráculo para saber que ninguno de estos acontecimientos augura nada bueno para el dólar. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Barry Eichengreen, profesor de Economía y Ciencias Políticas en la Universidad de California, Berkeley, es autor, entre otros, de Money Beyond Borders: Global Currencies From Croesus to Crypto (Princeton University Press, 2026).

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