El fondo soberano que Estados Unidos necesita
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Es una idea innovadora, pero dista mucho de representar una suma transformadora. El fondo soberano de inversión propuesto por Altman está concebido como un fideicomiso de carácter único y agotable
Por Steven Hill y John Menke, Project Syndicate.
LOS ÁNGELES/NEW BRUNSWICK- Sam Altman, de OpenAI; el presidente estadounidense, Donald Trump; el senador estadounidense Bernie Sanders y el gobernador de California, Gavin Newsom, no suelen ponerse de acuerdo en muchas cosas, pero todos ellos han propuesto que Estados Unidos cree un fondo soberano, financiado con acciones de empresas de IA, para hacer frente a los efectos negativos de la inteligencia artificial. Es una buena idea. Por desgracia, sus propuestas lamentablemente son insuficientes.
Consideremos el plan de Altman, según el cual las mayores empresas de IA -Anthropic, Google, Meta, Microsoft, Nvidia y OpenAI- le cederían al gobierno de Estados Unidos una participación del 5%. Según las valoraciones actuales, esto se traduciría en una participación por valor de unos 800 mil millones de dólares, que se utilizaría como capital inicial para la creación de un fondo soberano.
Es una idea innovadora, pero dista mucho de representar una suma transformadora. El fondo soberano de inversión propuesto por Altman está concebido como un fideicomiso de carácter único y agotable: el Tesoro recibe inicialmente acciones por valor de 800 mil millones de dólares, pero el fondo acaba consumiéndose con el tiempo. Cabe señalar que Estados Unidos no tendría por qué vender todas esas acciones de inmediato, agotando así el fondo al instante. Al igual que ocurre con un fideicomiso, podría optar por vender una décima parte de las acciones cada año y dejar que el resto se revalorice. Según estimaciones conservadoras, eso generaría alrededor de 1.4 billones de dólares en un plazo de diez años, suponiendo que el valor de las acciones aumente un 10% anual -el promedio histórico del mercado bursátil estadounidense.
Ahora bien, 1.4 billones de dólares no bastarían ni de lejos para cubrir el déficit de financiación del gobierno de Estados Unidos, en un momento en que la deuda nacional va camino de superar los 48 billones de dólares para 2030. Mantener solamente los beneficios de la Seguridad Social exigirá 2.6 billones de dólares adicionales para 2032. Si no se cubre este déficit, los beneficiarios se enfrentarán a un recorte del 22%.
Teniendo esto en cuenta, la participación del 5% que defiende Altman resulta totalmente insuficiente. Ni siquiera el plan de Sanders, que se financiaría mediante un impuesto del 50% sobre las acciones de las empresas de IA, generaría ingresos ni remotamente suficientes para satisfacer las crecientes necesidades de financiación de Estados Unidos.
Otros fondos soberanos de inversión a nivel global son considerablemente mayores que los previstos por Altman y otros, especialmente en relación con el tamaño de la economía en cuestión. Noruega, un país rico en recursos energéticos y cuya población representa menos del 2% de la de Estados Unidos, cuenta con el fondo soberano más grande del mundo, con activos por un valor de 2,.2 billones de dólares. China tiene dos fondos soberanos que suman unos 3.5 billones de dólares. Kuwait, Arabia Saudita, Singapur y los Emiratos Árabes Unidos tienen fondos soberanos valorados en cerca de un billón de dólares cada uno.
Por otra parte, los fondos soberanos de otros países son “fondos permanentes” que se autorrenuevan. Eso marca una gran diferencia. La enorme cartera de inversiones de Noruega genera unos rendimientos tan elevados que contribuye más al presupuesto público noruego que las ganancias del petróleo. Este es el tipo de fondo que Estados Unidos debería diseñar.
El primer paso para crear un fondo permanente federal (FPF) sería que el gobierno de Estados Unidos estableciera el fideicomiso encargado de administrarlo. A continuación, el gobierno recaudaría el capital inicial mediante la venta mensual de bonos del Tesoro al público. Al vender títulos del Tesoro por un valor de 200 mil millones de dólares cada mes durante diez años, el fideicomiso podría acumular 24 billones de dólares, que podría utilizar para adquirir participaciones del 20% en cada uno de los tres principales fondos de índices indexados, el S&P 500, el Nasdaq y el Dow, por ejemplo, a través de un fondo cotizado en bolsa (ETF, por sus siglas en inglés).
Con la mencionada tasa de rentabilidad compuesta anual del 10%, el valor de estas inversiones aumentaría casi un 90% en diez años, hasta alcanzar los 45 billones de dólares. Dado que el rendimiento histórico del mercado de los bonos del Tesoro a 10 años se sitúa en torno al 4.5% (aunque en la actualidad ronda el 5.2%), el FPF obtendría una rentabilidad compuesta neta de alrededor del 5.5% anual durante el período de incubación de diez años. A partir de entonces, el FPF vendería las participaciones del fondo indexado mes a mes y amortizaría el capital pendiente de 24 billones de dólares, quedándose con un remanente de unos 21 billones de dólares.
Al transcurrir esos diez años, el FPF autorreplicable se prorrogaría indefinidamente, recaudando unos 2.1 billones de dólares anuales. El resultado sería el fondo soberano de inversión más grande del mundo, capaz de satisfacer las necesidades de financiación a largo plazo de Estados Unidos, incluyendo la amortización de la deuda federal, la financiación del déficit de la Seguridad Social y el pago de prestaciones por desempleo relacionadas con la IA. Este fondo podría incluso contribuir a financiar otras necesidades apremiantes, como la vivienda asequible, la renta básica garantizada, la atención sanitaria, entre otras cosas, todo ello sin subir los impuestos ni aumentar la deuda pública.
Este plan de “capitalismo universal” requeriría que Estados Unidos vendiera anualmente una cantidad de bonos del Tesoro significativamente mayor -aunque no desmesurada. En 2025, Estados Unidos vendió 3.4 billones de dólares en bonos del Tesoro; vender otros 2.4 billones de dólares al año supondría un aumento del 70%. Las ventas se realizarían de forma gradual, mes a mes. Y dado que los bonos estarían respaldados por la titularidad de inversiones en acciones que se revalorizan, y que, con el tiempo, llegarían a valer más que los propios bonos del Tesoro, la deuda neta del gobierno no aumentaría.
Invertir en fondos indexados es fundamental, ya que evitaría que el FPF interfiriera en empresas individuales y garantizaría que la caída de una empresa no pudiera arrastrar consigo el valor del fondo. El S&P 500 ha demostrado ser más estable y ha generado mayores rendimientos en los últimos diez años que las acciones de empresas que en su día fueron líderes indiscutibles, como AIG, AT&T, Citigroup, General Electric, Hewlett-Packard, IBM y Pfizer. El volumen de las compras de índices del FPF no debería suscitar gran preocupación, ya que las “tres grandes” gestoras de activos (BlackRock, Vanguard y State Street) ya poseen en conjunto más del 20% del índice S&P y son los mayores accionistas de más del 90% de todas las empresas que lo integran.
El único inconveniente de este enfoque es que los rendimientos de las inversiones del FPF no estarían disponibles durante el período de incubación de diez años. Aquí es donde el plan Altman, de mucha menor envergadura, podría resultar útil: podría ofrecer beneficios temporales durante la primera década, hasta que el FPF alcance su pleno potencial. No obstante, en última instancia, ese plan apenas serviría como una solución provisional. Sigue siendo esencial contar con un fondo soberano mucho más grande y permanente que le permita al gobierno de Estados Unidos aprovechar el dinamismo del sector privado para cubrir los déficits de financiación y satisfacer las necesidades de los estadounidenses en una época de cambios económicos y tecnológicos acelerados. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Steven Hill, investigador del Instituto para el Estudio de la Propiedad de los Empleados y la Participación en los Beneficios de la Universidad de Rutgers, es coautor (junto con John Menke) de Own the Future: How Sovereign Wealth Funds and Universal Capitalism Build Generational Wealth (Bloomsbury Publishing, 2027).
John Menke, presidente de Menke Group, es coautor (junto con Steven Hill) de Own the Future: How Sovereign Wealth Funds and Universal Capitalism Build Generational Wealth* (Bloomsbury Publishing, 2027).