El mezquite: Raíces de la vida en el desierto
Espinoso por naturaleza, fue una planta vital del desierto; no sólo mitigaba el hambre y la sed, también fue facilitador de vida... Hoy está renaciendo ‘el pan del desierto’
La vegetación del Desierto de Chihuahua, al que pertenece gran parte de Coahuila y el sur de Estados Unidos, a simple vista parece pobre, cuando en realidad es capaz de sostener la vida. Saltillo, una región semiárida al borde del desierto, conserva algunas especies forestales que no siempre son apreciadas como debieran.
Antiguamente, en el viejo Saltillo, el mezquite crecía en los corrales de las casas, colindantes en el corazón de la manzana. Los mezquites fueron desapareciendo poco a poco, según los iba engullendo la urbanización moderna, cuyas construcciones ya no tienen tal profundidad y ya no necesitan de corrales ni huertas: ¿para qué?... Los duraznos, chabacanos y hasta las moras se compran en el supermercado.
El mezquite, guardián del desierto, el campo y las vastas llanuras del noreste, se ve todavía en algunos sitios de la ciudad. Dicen que poco vemos lo que tanto conocemos, y es tan cierto, que ya no reparamos en ellos. Algunos de aquellos viejos guardianes quedaron en la calle y siguen creciendo a la orilla de las banquetas. Uno de ellos puede verse en la calle de Chihuahua, detrás de un negocio de lavado de vehículos.
Ya las grandes mezquiteras no existen, pero algunas especies todavía sobreviven en los ranchos de la región, donde se ven, a veces solitarios y erguidos, uno solo a veces en una gran extensión. Sus ramas parecen crecer hacia abajo para ofrecer su fruto al caminante y al ganado que se cobija a su sombra para calmar el hambre y la sed del desierto.
El mezquite nunca fue un elemento secundario del paisaje. Dentro del contexto histórico, fue el eje de supervivencia y pilar cultural de las sociedades nómadas que habitaron esta región durante milenios. Fue el guardián forestal que definía sus ciclos de vida en los diferentes sitios y su alimentación, y también dio apoyo a su resistencia frente a la colonización. Las tribus guachichiles, tobosos, irritilas, rayados y otras, dividían su permanencia en un lugar según las estaciones del año y la disponibilidad de recursos del desierto. El verano era la época más esperada porque ocurría la maduración de la vaina del mezquite. Son diversos los hechos históricos, antropológicos y geográficos sobre los pobladores y el mezquite en nuestro territorio. Carlos Manuel Valdés, el historiador más dedicado y acucioso de los antiguos habitantes de estos territorios, le puso a uno de sus libros el hermoso título: “La Gente del Mezquite”.
El mezquite, espinoso por naturaleza, fue una planta vital del desierto; no sólo mitigaba el hambre y la sed, también fue facilitador de vida. Durante la temporada de recolección de la vaina, los diversos grupos nómadas, que usualmente competían por los mejores lugares del territorio para armar su campamento, pactaban treguas temporales. Se reunían pacíficamente en las grandes mezquiteras naturales para recolectar, festejar y realizar trueques. El mezquital fue, además, un refugio de resistencia para ellos durante la zona de guerra que fue la colonización española. Los antiguos habitantes, profundos conocedores de su territorio, utilizaban los densos e impenetrables bosques de mezquite como zonas de refugio y emboscada, mientras que para los soldados españoles, con armadura y caballos, entrar a un espinoso mezquital era tácticamente imposible.
En zonas arqueológicas y rancherías de Parras, General Cepeda, Cuatro Ciénegas y Ramos Arizpe, en Coahuila, es común encontrar morteros fijos excavados directamente sobre la roca madre de las sierras. En estos pozos de piedra, las mujeres indígenas machacaban las vainas secas del mezquite con pesadas piedras de río para obtener la harina que almacenaban como reserva, pues era el único carbohidrato en su alimentación. Con la harina producían unos panes densos, redondos y secados al sol, que no se echaban a perder; podían durar meses enteros guardados en sacos de piel, sirviendo de ración de viaje para atravesar las zonas más hostiles del Desierto de Chihuahua.
Hoy está renaciendo “el pan del desierto”. Con la harina de mezquite se hornean galletas, pasteles y panes, y se elaboran tamales y pinole. También se hacen atoles y hasta bebidas fermentadas, como el tepache. Con la vaina seca, tostada y molida se prepara una infusión oscura y dulce, libre de cafeína, muy similar al café de olla. Enhorabuena.