Pasen a tomar atole todos los que van pasando

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Opinión
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En 1945, los saltillenses pudieron leer uno de los manifiestos más interesantes de Adrián Rodríguez, ese personaje que se firmaba Farolito y se presentaba a sí mismo como el ‘economista non, fundador y rector de la Universidad Universo y Creador de la Ciudad Lux’

Los tiempos actuales de campañas políticas reviven situaciones, a veces curiosas, sobre el mismo tema ocurridas en el pasado. El presidente Manuel Ávila Camacho gobernó México de 1940 a 1946. Casi un año antes del término de su administración empezaron a surgir los entonces llamados “presidenciables”, aspirantes a la Presidencia (después fueron llamados corcholatas y precandidatos). En esa ocasión, todos los precandidatos estaban respaldados por diversos sectores de la población, organizaciones obreras y campesinas y distintos gremios y agrupaciones. Ese mismo año, 1945, los saltillenses pudieron leer uno de los manifiestos más interesantes de Adrián Rodríguez, ese personaje que se firmaba Farolito y se presentaba a sí mismo como el “economista non, fundador y rector de la Universidad Universo y Creador de la Ciudad Lux”, entre otros cargos y virtudes.

Aquel papel impreso, firmado por Adrián, era un Manifiesto a la Nación que en su parte principal decía: “El C. Economista Adrián Rodríguez lanza su candidatura a la vicepresidencia de la República, o en su defecto, jugar en la candidatura no registrada a la Presidencia de la República Mexicana. En la misma forma jugaré a Gobernador del Estado y Senador de Coahuila. Exhorto públicamente al Presidente de la República, apoyado en el artículo 8 constitucional, que defina esta situación, porque no puede haber elecciones por estar en estado de guerra y no permitiremos que partidos de facción hagan dimitir a nuestro gran Presidente de la República. Y pido a la vez al Secretario de Relaciones Exteriores registre mi candidatura ante todas las cancillerías democráticas de las Américas. Saltillo, a 25 de mayo de 1945”.

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Entre los presidenciables se encontraban Henríquez Guzmán, Rojo Gómez y Miguel Alemán, de quien, al obtener el apoyo de todas las centrales, se dijo: “Se ganó Zamora en una hora”. Del pueblo brotaron otras frases, algunas vigentes todavía: “Lombardo está detrás, la Revolución seguirá adelante” (traída a la actualidad sería: “López Obrador está detrás, la 4T seguirá adelante”). Ya desde entonces se hablaba de “unidad revolucionaria” y “la cargada” (los acarreados de ahora) y del “estado de emergencia”, y se insistía: “La democracia no existe”.

En los ámbitos de la política no faltan los episodios que mueven a risa. En esa ocasión, el tinte cómico lo dio Pedro Rendón, un pintor de oficio. Su candidatura fue lanzada por escritores, poetas, pintores, periodistas y estudiantes que se congregaban en el Café París, de donde, una vez puestos de acuerdo, sus partidarios salieron con gran algarabía, llevando al candidato en hombros y sin dar oídos a sus peticiones de guardar compostura y dar alto ejemplo de civismo.

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La comitiva llegó a la redacción del periódico La Prensa, donde Rendón habló de su proyecto de gobierno: “Crearé una escuela nocturna de legislación, a la que asistirán los diputados, para que reciban allí, cuando menos, su título de haberse aprendido el Silabario de San Miguel”; impulsaría “el establecimiento de maternidades, con la elevada mira de que no haya mexicanos mal nacidos” y la creación de un fondo para comprar “todas las cajas de madera que sean necesarias para enterrar a los desheredados”.

En el ramo de Asistencia Pública, mandaría a los enfermos a curarse sin ningún costo a los balnearios. Y, por último, así como Monterrey instalaría un gaseoducto, de ocupar Rendón la presidencia, instalaría en la Ciudad de México un “atoleoducto”, para que ese mal comprendido alimento nacional llegue a las clases populares a chorros y dejen ya de tomarlo únicamente con el dedo”. Buenas propuestas las de Rendón: su gobierno acabaría con el analfabetismo de los diputados, con los malnacidos, los desheredados y los enfermos, y hasta con la costumbre de los políticos de dar atole con el dedo.

Profesora de Lengua y Literatura Española. Dirigió el departamento de Difusión Cultural de la Unidad Saltillo de la UAdeC. En 1995 fue invitada por la Universidad Tecnológica de Coahuila, unidad Ramos Arzipe, para encargarse del área cultural, que incluía la formación del Centro de Información y cuatro años más tarde vendría la fundación del Centro Cultural Vito Alessio Robles, recinto que resguardaría la biblioteca de su padre, y donde hasta hoy labora.

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