El privilegio obliga al juicio moral. ¿Cómo? Sí, es una filosofía que por cierto no comparto. Propongo una filosofía mucho más complicada

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Opinión
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“No todas las culturas son igualmente admirables, y no todas las culturas pueden existir cómodamente juntas. Negar esto es dejar de lado la posibilidad del juicio moral, y por lo tanto negar la experiencia fundamental de la comunidad”, Roger Scruton.

Este hombre era un filósofo que tendía hacia el totalitarismo, lo cual se define como la ausencia de restricciones sobre el gobierno central, poniendo cada aspecto de la vida en manos del gobierno. Era un conservador, evidentemente, y mientras me asusta un tanto las palabras suyas que reproduje al principio creo firmemente en su derecho de decirlas y de creer lo que creía, favor que él no me devolvería de seguro.

En estas palabras él lanza dardos a las culturas que tienen costumbres y creencias que muchos de nosotros consideraríamos bárbaras y no adecuadas. La mutilación genital de mujeres en África, el casamiento de niñas con hombres mayores en matrimonios planeados y fijados con intercambios económicos, los roles de género aplicados en distintas comunidades y tantas situaciones más.

Tu familia y mi familia tienen costumbres distintas. Según Scruton, una de nuestras familias es menos admirable que la otra y eso otorga el permiso, y tal vez la obligación, a una de estas familias de enjuiciar a la otra. O sea, tu familia sirve comidas tradicionales en Navidad, como romeritos por ejemplo, y mi familia sirve un banquete de pavo relleno. Yo considero que las comidas que ustedes sirven vienen de lo antiguo, lo “nativo”, algo que cae por debajo de lo que yo valoro. Según este filósofo puedo enjuiciar a tu familia y nuestras familias no podríamos, o no deberíamos, congeniar.

¿A qué voy? Por más bárbara sea una costumbre en mis ojos, aunque el Sr. Scruton me obliga a enjuiciarla, yo creo (también soy una gran filósofa, por si no sabían) que hay más factores y que no puedo simplemente declarar el bien y el mal desde mi punto de vista y desde mi privilegio, si es que en realidad es un privilegio haber nacido en una cultura “admirable”.

Nacida en Detroit, MI el 25 de mayo de 1956. Residente de Saltillo desde 1974. Maestra y traductora por necesidad. Psicoterapeuta, empresaria, poeta, actriz y administradora de Foro Amapola porque la vida es dinámica. Madre de 4, abuela de 5. En 18 años de formación como psicoterapeuta ha hecho especialidades que incluyen terapia psico-corporal y Gestalt. Idealista insistente y ser humano en constante movimiento.

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