El sitio de Lima
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Perú al igual a Bolivia, representa la zona estratégica para quienes se dedican al cultivo de la hoja de coca.
De todas partes del interior han llegado a la capital peruana. Están en desacuerdo con la destitución del presidente Pedro Castillo. Muchos de ellos son campesinos. Quienes abandonaron sus parcelas, al cuido de las mujeres y los menores.
La efervescencia indígena y mestiza ha cobrado ya, por lo menos, tres decenas de muertos y sin cuantificar los desaparecidos.
Perú al igual a Bolivia, representa la zona estratégica para quienes se dedican al cultivo de la hoja de coca.
El enfrentamiento de fuerzas políticas, de la izquierda fragmentada y la derecha de la familia Fujimori, conoce el potencial de la guerrilla y de los agentes del crimen organizado.
Castillo y quienes están a su favor, incluso en la milicia hay quienes lo apoyan, apuestan a destituir a su sucesora Dina Boluarte.
Las amplias concentraciones de campesinos, de los trabajadores con menos recursos, los desempleados y todos aquellos esperanzados en la izquierda nacionalista, planean actos de sabotaje, de insurrección y de autogobierno en sus zonas alejadas de la capital.
Boluarte, Castillo e incluso Fujimori, reconocen el poder de los desplazados. Los lideres del tráfico internacional de cocaína hacia los Estados Unidos de América. El mayor consumidor de drogas en el mundo.
Necesitan competir contra el nuevo mercado chino de precursores a base de fentanilo. Contra los carteles mexicanos tan funcionales en las principales capitales norteamericanas.
Perú es el favor de Bolivia. Para Evo Morales, en su ya larga travesía con las divisas en dólares.