Elecciones morenistas o el apocalipsis pejezombi (1)
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1.- La pureza del propósito democrático morenista.
El pasado fin de semana los militantes de Morena participaron en 300 asambleas distritales para elegir 3 mil coordinadores distritales o consejeros estatales; que el 6 y 7 de agosto próximos elegirán a su vez, los Comités Ejecutivos Estatales en cada una de las 32 entidades del país.
Esos 3 mil consejeros estatales serán delegados al Tercer Congreso Nacional el mes de septiembre. Fecha en la cual decidirán quiénes serán los nuevos integrantes del Comité Ejecutivo Nacional de Morena. “Iniciar el proceso de renovación de los órganos de dirección de este partido político a nivel estatal y nacional”.
2.- Los morenistas cumplen el inicio de la profecía de Nostradamus: el surgimiento del apocalipsis pejezombi.
En cada una de las 32 entidades del país, Morena presentó su rostro semibarbárico y, por ende, antidemocrático.
Militantes morenistas, o cadáveres, acudieron a votar, reanimados cual muertos vivientes, carentes de una consciencia o inteligencia democrática.
Desesperados acudieron por su propia supervivencia económica –muy justificable– pero “lentos, de movimientos torpes y aún sujetos a los procesos de degradación biológica de un cadáver común, pero no menos peligrosos, ya que atacan a los humanos vivos y carecen de instinto de autopreservación”.
De esta manera, ellos confirmaron, la profecía de Nostradamus escrita en 1555: “Pocos jóvenes, (muchos viejos), medio muertos para empezar. Muertos por despecho, harán brillar a los demás, y en un lugar exaltado ocurrirán grandes males”.
3.- “Alito” Moreno mira el apocalipsis pejezombi y sufre una crisis de nostalgia.
“Alito” Moreno –un espécimen priista del Triásico con una edad ligeramente superior a la de Chabelo, entre 231 y 243 millones de años– pasó ese fin de semana, cuentan sus cercanos, ruborizado ante las prácticas de Morena en su votación.
Lloró nostálgico cuando miró el cómo los morenistas refinaron el viejo manual priista del mapacheo electoral: el acarreo bajo amenaza y/o coacción, la indicación nada sutil de por quién votar, el ratón loco (evitar que la gente vote por el candidato asignado), el carrusel (ordenar en línea a los votantes para votar varias veces por un candidato), la catafixia (boletas marcadas con anticipación), la urna embarazada (rellenar con votos de un mismo candidato la pobre urna), la mesa (o corrupción de los funcionarios de casilla) que más aplauda y la uña negra (neutralizar en el momento del conteo los votos adversarios).
Cuando iniciaron “los cabronazos” entre las diferentes tribus morenistas en cada una de las entidades del país, “Alito” rompió en llanto incontrolable. Ni las artes de Rubén Moreira –ahora consagrado a un catolicismo radical casi monástico– pudieron consolarlo. Pero las imágenes del PRI de Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría caían, una tras otra, sobre el pobre “Alito”, sin piedad alguna. Mientras las oraciones tranquilizadoras de Rubén se las llevaba el viento. Y el arcángel Metatrón, no acudía en auxilio del inconsolable “Alito”.
Continuará...
Nota: El autor es director general
del ICAI. Sus puntos de vista no
representan los de la institución.