Estamos en el lugar al que pertenecemos
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Pronto la realidad golpeó fuerte y los fantasmas volvían a hacer de las suyas. Ni porque a ellos les expulsaron a uno, ni porque era evidente su cansancio; Nada
Lo dijo el “Warrior” de TV Azteca y lo dijo bien: “yo creo que si la historia una y otra vez nos grita al oído, que normalmente este es el lugar al que llegamos, entonces es el lugar al que pertenecemos”.
Este apunte de Carlos Guerrero, apocalíptico pero muy realista, resume lo ocurrido en la cancha del Estadio Ciudad de México, donde una vez más se cumple el ritual de cada cuatro años, jugar decentemente para perder, como siempre, en Octavos de Final.
Los análisis del por qué, van cayendo en cascada y cada opinión abona más a lo observable a simple vista, donde el mexicano vuelve a presenciar la misma película: Claro, ahora sonaba diferente, o con quizás un final alternativo.
Estar en tu casa, con tu gente, con los privilegios del local, cuando en juegos previo habías arrasado con tus rivales sin recibir un solo gol, ¿qué podría salir mal?
Casi todo. La Selección mexicana no midió el poder del rival, mismo que dista kilómetros de lo que fue Ecuador; al inglés no lo pudiste acorralar de inicio, pues no cayó en la trampa, se lo tomó con mucha calma.
Y pensaste, probablemente, en cambiar la estrategia apostando de la altitud a la que se jugaba, ellos seguramente se cansarían rápido y entonces los tendrías a merced. Oh, sorpresa, los británicos no saben perdonar y haciendo gala de su contundencia a nivel individual, de repente gol en contra.
Ni bien acababan de festejar los contrarios cuando ¡tómala! Otro gol. Demonios, hay que atacar. Entonces el Tri se dio cuenta de la verdad: podía seguir compitiendo y recortar la diferencia, claro, tenemos al goleador Quiñones.
Pero pronto la realidad golpeó fuerte y los fantasmas volvían a hacer de las suyas. Ni porque a ellos les expulsaron a uno, ni porque era evidente su cansancio. Nada.
A eso súmale una noche inspirada del porteo Pickford, quien no le permitió nada a nuestros súper delanteros. Entonces aquello no olía a película ya vista... apestaba.
La situación ya estaba definida, sólo quedaba sacar el amor propio, ese imposible de quitarle a los verdes, porque pelearon a fondo, con todas sus fuerzas y hasta nos hicieron soñar con la remontada.
Al final vino lo de siempre, una historia de la misma gastada película, con el mismo desenlace. Nos volvemos a quedar en Octavos de Final; nueve mundiales (Qatar nos lo saltamos) sin poder dar el salto de calidad.
Vendrán las consabidas promesas, de que ahora sí van a trabajar para lograr lo imposible, vendrán nuevos jugadores y nuevos sueños, pero la calidad es la misma. Y vendrán muchos mundiales más, pero varias generaciones no volveremos a ver uno en nuestro país.
Era el momento y el lugar. Afloró la menor calidad comparados con la de países de primer mundo y selecciones top, por eso volvamos a lamentarnos y a soñar que un día daremos el paso. Mientras, van otros cuatro años y otros y otros.
Porque, lo dicho: estamos en el lugar al que pertenecemos. ¿Alguien nos sacará algún día?