Europa superpotencia

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Opinión
/ 23 febrero 2026

La inversión europea en defensa está creciendo; las acciones de las empresas de la UE en este sector triplicaron su valor en los últimos tres años

Por Nadia Calviño, Project Syndicate.

LUXEMBURGO- De la Conferencia de Seguridad de Múnich sale un mensaje de plena confianza en Europa. La Unión Europea es una potencia tecnológica, comercial e industrial.

Los signos de esta fortaleza se perciben en toda Europa. Frente a la costa norte de Polonia, en el horizonte, 233 turbinas gigantes (todas ellas casi tan altas como la Torre Eiffel) están a punto de surgir del fondo marino. Con rotores alemanes, bases diseñadas en Dinamarca y cables con origen en Polonia y Grecia, van a ser símbolos imponentes de la excelencia y el poderío industrial europeos. Estas últimas incorporaciones a la red báltica, que ya era amplia, están creando miles de puestos de trabajo en toda la cadena de suministro. Y cuando estén operativas, proporcionarán energía limpia a 5.5 millones de hogares adicionales.

Los parques eólicos marinos de Polonia -con energía producida en Europa, por Europa y para Europa- son importantes desde el punto de vista estratégico y económico. Se suman a una expansión de las renovables que se desarrolla en todo el continente; de sur a norte; desde Italia hasta Irlanda y Lituania. De esta forma, los ventosos mares septentrionales se conectan con la soleada costa mediterránea a través de una red de cables e interconectores que servirían para dar varias vueltas al mundo y formarán una superautopista de la era de los electrones.

Además, sensores de fibra óptica de última generación creados por innovadores neerlandeses vigilarán el lecho marino para proteger las infraestructuras críticas de Europa. Nuevas constelaciones de satélites desarrollados en Bélgica ofrecerán capacidades mejoradas de vigilancia desde el espacio, junto con sistemas de radar avanzados de Francia y España. Y todo esto se conectará mediante redes 6G con inteligencia artificial impulsada desde Finlandia.

Son una muestra de los casi 900 proyectos que ha financiado el Grupo Banco Europeo de Inversiones el año pasado. Activando las garantías presupuestarias de la UE para movilizar inversiones privadas, el Grupo BEI impulsa la revolución tecnológica y energética. La transición al mundo del mañana ya avanza con potencia en Europa, aunque todavía puede pasar inadvertida en este contexto de veloces cambios geopolíticos.

En 2025 la inversión total del BEI en la transición energética europea alcanzó un nuevo récord de casi 400 mil millones de euros (455 mil millones de dólares). Nuestra bandera se puede ver en proyectos de energía hidroeléctrica en Austria y en nuevas vías ferroviarias en Chequia; en las mejoras en eficiencia energética de pymes en Croacia y en la aplicación de tecnologías limpias en la industria pesada de Portugal. Sólo en el último año, la capitalización bursátil combinada de las empresas europeas de energías renovables creció más de 50 %. Algo que muchos creían imposible a corto plazo ya está ocurriendo: Europa está cortando su dependencia del gas ruso.

Todavía más rápido está creciendo la inversión europea en defensa. Las acciones de las empresas europeas en este sector triplicaron su valor en los últimos tres años. En algunas áreas críticas como la munición de artillería, la capacidad de producción industrial de Europa ya supera incluso a la de Estados Unidos. También Europa está haciendo enormes avances en sectores estratégicos como el de los drones. Casi de un día al otro y prácticamente desde cero, ha surgido un nuevo ecosistema de capital riesgo orientado a empresas innovadoras de seguridad y defensa.

No es la primera vez que lo vemos. En 2020, nadie esperaba que una empresa biotecnológica europea tomara la delantera en crear, en cuestión de meses, una vacuna contra un virus desconocido y ayudara así al mundo a superar una pandemia sin precedentes. Tampoco que la UE lanzaría un programa masivo de recuperación y resiliencia financiado con deuda conjunta. Fue una muestra de solidaridad y unidad sin precedentes. Cuando la invasión rusa de Ucrania provocó un enorme encarecimiento de la energía, dieron por sentado el derrumbe de la economía europea. En lugar de ese escenario, el PIB de la eurozona creció entonces más rápido que los de China y Estados Unidos.

En un contexto de guerra comercial, intensa volatilidad de los mercados y cambios en las alianzas tradicionales, las empresas europeas se han mostrado resilientes. No sólo han diversificado sus flujos comerciales. También han mantenido sólidos niveles de crecimiento e inversión. En 2025 las bolsas europeas superaron a las estadounidenses y recompensaron a los inversores que confiaron en nuestra economía. El desempleo ronda mínimos históricos, y el crecimiento se está recuperando, gracias a países que muestran un buen dinamismo como España y Polonia. Europa se ha convertido en un faro de estabilidad en un mundo incierto.

La UE se ha perfeccionado respondiendo a las crisis. Y esto le permite estar preparada para moverse en un entorno geopolítico complejo. La UE es una potencia exportadora y alberga universidades y centros de investigación de primera línea. Posee además un dinámico ecosistema de startups. Las encuestas de opinión muestran niveles récord de apoyo público a la UE y al euro, y diversos estudios indican que la mayoría de la población mundial percibe a la UE como una gran potencia a la altura de Estados Unidos y China.

Y no se equivocan. Con una economía de veintidós billones de dólares, un vasto mercado único con casi 500 millones de personas y planes para su expansión, el peso de Europa en el mundo es innegable. Tal vez sea un tipo diferente de superpotencia. Prefiere los valores, las reglas y el multilateralismo a la fuerza bruta. Pero el poder de Europa está en su compromiso con los principios y en su disposición a dar apoyo a socios y aliados. Es la principal fuente de ayuda financiera y militar a Ucrania.

En un mundo de muros que se alzan, Europa sigue tendiendo puentes. Es la primera potencia comercial y está en el centro de una vasta y creciente red de acuerdos de libre comercio. También es una superpotencia inversora que promueve la prosperidad compartida. Como principal fuente de ayuda humanitaria y financiación para el desarrollo, la cooperación de Europa llega, entre otros muchos, a campañas mundiales de vacunación y proyectos para mejorar el suministro de agua en Ammán y Karachi.

Lo hacemos porque seguimos comprometidos con los mismos valores que nos guiaron siempre. El proyecto europeo comenzó hace casi ocho décadas, sobre las ruinas de dos guerras mundiales. Nuestros padres y abuelos aprendieron de las tragedias y de los errores. Y nosotros podemos inspirarnos en su ejemplo para construir para Europa y el resto del mundo un futuro mejor. La sociedad europea se basa en la inclusión, la igualdad de oportunidades, la libertad intelectual, la paz y el Estado de derecho.

Sabemos lo que hay que hacer para garantizar este modo de vida. Necesitamos profundizar en la integración, incluida la de nuestros mercados de capitales; ampliar la inversión en infraestructuras críticas y capacidades estratégicas; simplificar para que la UE sea más ágil y eficiente. Con más asociaciones y alianzas en las que todos ganamos para diversificar las cadenas de suministro y abrir nuevos mercados para nuestros productos.

En todos estos ámbitos hay un ímpetu creciente. La UE está concentrada en la tarea y decidida a aprovechar las fortalezas porque Europa es una superpotencia. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Nadia Calviño es la presidenta del Banco Europeo de Inversiones.

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