Gasolina por las nubes y nosotros con el Jesús en la boca
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Desde luego, tal carestía se debe a circunstancias ajenas a nuestro gobierno, pero no puedo menos que recordar la promesa de López Obrador de bajar a 10 pesos el precio del litro de gasolina.
En su noche de bodas el joven Leovigildo disfrutó de placeres inefables que jamás había conocido. Su novia mostró habilidades propias de una diestra cortesana, una eminente practicante de las eróticas posturas descritas en el Kama Sutra, o la más ardiente y apasionada hurí. Pese a las gratificantes expansiones que gozó, el recién casado puso un reparo por algo que conoció en el curso del evento. Le dijo a su flamante esposa: “No eras virgen”. Con una pregunta respondió ella: “¿Te gustó cómo lo hice?”. “Mucho” –admitió Leovigildo–. Otra pregunta planteó la experta desposada: “¿Y crees que todo eso lo aprendí en un curso por correspondencia?”. (Nota: En los cursos por correo se adquirían habilidades tales como reparación de planchas y radios, carpintería y corte y confección de ropa, pero no se impartían los conocimientos demostrados por la novia del joven Leovigildo. Ésos sólo se aprenden en la práctica)... Lady Loosebloomers hubo de viajar a Londres a fin de visitar al solicitor encargado de administrar los bienes que en herencia le dejó su padre. Durante la ausencia de su mujer, lord Feebledick quedó solo en su finca rural de Bullshitshire. ¿Solo? No tanto. Si nos asomamos cautelosamente por la cerradura de la puerta de su alcoba, lo veremos refocilándose cumplidamente con Gwendoline, la linda mucama de la casa. También lo oiremos decir, orgulloso: “¡Y pensar que mi mujer temía que mientras ella estaba en Londres no fuera yo capaz de manejar a la servidumbre!”... Entrañables adivinanzas de mi infancia, tan lejana en el tiempo, tan cercana en la recordación. “Fui al mercado, compré negrito, llegué a mi casa y se puso coloradito”. El carbón... “En alto vive, en alto mora, en alto teje la tejedora”. La araña... “Anda que te anda por los rincones, tú de puntitas y yo de talones”. La escoba... “Una vieja larga y seca que le escurre la manteca”. La vela... “Es más alto que un pino, y pesa menos que un comino”. El humo de la chimenea... “Estos eran cuatro gatos, cada gato en su rincón. Cada gato ve tres gatos. Adivina cuántos son”. Cuatro... “Va caminando, va caminando, ¿de qué animalito te estoy hablando? La vaca... “Dos hermanitas, siempre al compás, con el pico por delante y los ojos por detrás”. Las tijeras... “Para bailar me pongo la capa. Para bailar me quito la capa. Porque sin la capa no puedo bailar. Porque con la capa no puedo bailar”. El trompo.... Y esta otra: “Tito, tito, capotito, sube al cielo y tira un grito”. Es el cuete, como dice el pueblo; el cohete, como la Academia dice. La respuesta a esa adivinanza también podría ser ahora: la gasolina. Está por las nubes, como se dice de un artículo que se ha puesto caro, y casi cada día se encarece más. Eso nos tiene con el alma en un hilo y el Jesús en la boca, según decían nuestras abuelas, por la espiral inflacionaria que el aumento en el precio del combustible trae consigo. Desde luego, tal carestía se debe a circunstancias ajenas a nuestro gobierno, pero no puedo menos que recordar la promesa de López Obrador de bajar a 10 pesos el precio del litro de gasolina. Fue uno de los muchos ofrecimientos incumplidos del demagogo autócrata. El precio de la gasolina sube al cielo, como el cuete, y nosotros tiramos un grito por la creciente inflación que cada día eleva más el costo de la vida. Lo bueno es que ya vienen las vacaciones de la semana que antes se llamaba Santa... Pompilia Péchez, mujer de exuberantes formas tanto en el lado norte como en el paraje sur, estaba llenando una solicitud de empleo. Se quejó: “Donde dice ‘Sexo’ ponen nomás una rayita, y yo tengo mucho qué declarar acerca de eso”... FIN.