Hablemos de Dios 268: ¿En la fiesta podemos encontrar y sentir a Dios?

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Opinión
/ 27 febrero 2026

Sin duda, no hay tiempo. O bien, ya nos hemos acabado eso llamado tiempo. Hace años leí una entrevista en un diario regiomontano donde a un científico norteamericano (no recuerdo ni una letra de su nombre hoy) le preguntaron algo así: si nuestro tiempo era el mismo fluir del tiempo en la antigüedad. A lo cual el sabio dijo igual, algo parecido: hay eventos en el universo, fenómenos meteorológicos los cuales modifican de manera inexorable nuestro mundo, esto llamado tierra. Él dijo de un fenómeno en el universo lo cual habría modificado la velocidad de la tierra. Sigue siendo el día de 24 horas, pero la velocidad es brutal y el tiempo se agota en un soplido...

¿Es correcto lo anterior? Desde que lo leí y en su momento, creo en ello. Aunque, no me he puesto a leer material nuevo y fresco de semejante tema. Un buen tema. Lo anterior viene a cuento porque ya estamos a días de celebrar... “El domingo de Ramos” y apenas días después, “La Semana Santa”. Es decir, ya llegó el tiempo y seamos francos, nadie ha cumplido sus propósitos o deseos de inicio de año: bueno y vaya, para eso son propósitos, buenos propósitos: para no cumplirse, jamás.

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Avanzamos: “El océano se ve agitado durante la estación de las lluvias, en la cual los ríos crecidos corren presurosos hacia él y el viento levanta olas en su superficie. Asimismo si la persona dedicada al proceso de yoga místico no está muy avanzada en la vida espiritual, puede verse afectada por las modalidades de la naturaleza, y por lo tanto sentirse perturbada por el impulso sexual”.

El anterior párrafo entrecomillado, si usted lo lee nuevamente, no es de la Biblia cristiana ni católica (es la misma pues, básicamente), tampoco es de “El Corán” de nuestros hermanos separados, los musulmanes, no; es nada menos que del “Bhagavad-Gitá”. Libro sagrado de los hermanos hindúes, libro escrito al menos hace 4 mil años atrás. Pero creo usted lo nota muy rápido ya: se pueden aplicar sus versos en nuestra religión y creencia sin ningún problema.

Lo vimos o lo seguimos viendo con las fiestas de fin de año: los mexicanos, dice el refrán popular, no tenemos “llenadera”. Si es comida la queremos y disfrutamos toda. Si es vino, con mayor razón. Nunca nos hartamos. Somos un pueblo mitotero. Y también la imaginería popular ha bautizado dichas fiestas de fin de año como el famoso “Puente Guadalupe-Reyes”. Se empezó el brindis y comida en el aniversario de la Virgen de Guadalupe, luego las posadas de rigor, la cena de Nochebuena, la cena de fin de año y la llegada de los Reyes Magos... nunca nos hartamos.

¿En la fiesta y bacanales podemos encontrar y sentir a Dios? Mmh, usted tendrá su mejor opinión, pero ninguna religión o creencia lo transmite. Poco o nada tenemos qué ver con la frugalidad de la comida y bebida de los hermanos hindúes, aquellos que tienen en su libro sagrado el “Bhagavad-Gitá”, su guía e inspiración para la vida. De hecho, creo ya desapareció su templo aquí en Saltillo, estaba ubicado por el rumbo del sur de la capital. Enseguida de la Central de Autobuses.

ESQUINA-BAJAN

En su momento, parte de su invitación la cual hacían circular para atraer a la sociedad a su comunidad espiritual, rezaba de la siguiente manera: “Todos los domingos charlas acerca del Bhagavad-Gitá tal como es, música devocional y un suntuoso banquete vegetariano totalmente gratis...”. Lo repito, en su momento fui por espacio de dos o tres meses a su centro ceremonial cada domingo. Y sí, aquello era una maravilla de música y analizar su libro sagrado; al final, dicho banquete vegetariano y saludable, pero no apto para paladares carnívoros como el de nosotros.

Buscando un libro que no encuentro (nunca los encuentro cuando los necesito) en mi biblioteca, di con una edición que no recordaba del “Bhagavad-Gitá”. No es una edición completa, pero sí mayor y se deja leer con holgura y buena traducción. Llama la atención inmediatamente una estrecha comunicación entre lo sagrado, la naturaleza y claro, la comida. Le voy a transcribir algunos de sus versos los cuales hacen referencia a esa frugalidad en el comer y beber todo para encontrar algo anhelado: comunicación con Dios. Cosa que en México, estamos lejos de practicar.

Lea usted: “El Señor disfrutaba en compañía del Señor Baladeva y los demás pastorcillos de vacas, y a veces se sentaba con ellos sobre la misma losa. Allí sentados comían alimentos simples como arroz, dal, verduras, pan y requesón que habían traído de sus casas y que compartían fraternalmente”.

“Las vacas que entraron al bosque con el Señor se movían lentamente por el peso de sus ubres cargadas de leche. Pero cuando el Señor las llamaba por sus nombres específicos, de inmediato prestaban atención, y mientras se apresuraban a llegar a él, sus rebosantes ubres derramaban leche por todo el suelo debido al afecto que le tenían al Señor”.

“Cuando la estación de las lluvias finalizó, el bosque de Vrndávana estaba lleno de frutas, como dátiles y moras que maduraban en los árboles y arbustos. El Señor, junto a Sri Baladeva, su hermano mayor, y los demás pastorcillos de la inmediaciones, entraron con las vacas al hermoso bosque a ejecutar pasatiempos trascendentales con Sus amigos eternos”.

LETRAS MINÚSCULAS

Con motivo de la llegada de la “Semana Mayor”, a partir de la siguiente entrega, me centraré en animales, comida, fruta y bebidas puras e impuras.

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Nació en Saltillo, Coahuila, el 1 de marzo de 1965. Periodista y poeta. Escribe la columna Contraesquina

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