Hoosiers: histórica victoria
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El pasado lunes, el equipo de Indiana ganó el campeonato nacional de futbol americano colegial, superando al poderoso conjunto de la Universidad de Miami. Magnífica actuación de Fernando Mendoza, el quarterback de los Hoosiers, y sólido el apoyo de su defensiva
“Se le acusa de haber asesinado a ese hombre la noche del día último del año”. Eso le dijo el fiscal a la mujer. “La acusación es falsa –se defendió ella–. Aquel día estuve toda la noche en la cama. Y tengo 14 testigos para demostrarlo”... Cinéfilo irredento, conservo en la memoria las películas que más he disfrutado. Una de ellas es “Cocoon”, que junto con “E.T.” y “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo” forma la trilogía de mis cintas favoritas de alienígenos. Ese film de 1985 es un muy lindo cuento en el cual un grupo de adultos mayores internados en una casa de reposo –Don Ameche, Hume Cronyn, Jessica Tandy entre otros– descubren una maravillosa fuente de la eterna juventud. Actor principal de esa película es Brian Dennehy, a quien un crítico describió como “imposing barrel-chested actor”. “Imponente actor con torso como un barril”. A pesar de sus torosos músculos y su estatura gigantea el imponente actor fallecido en 2020 me debía respeto, pues yo era mayor que él. Dennehy nació el 9 de julio de 1938, y yo un día antes, el 8 del mismo mes y año. Personalidad interesante la de este colosal artista. En su época de estudiante era tackle del equipo de futbol americano de su escuela, y por las noches hacía el papel de Macbeth en el teatro de la localidad. Desde luego, yo no jugué nunca ese rudísimo deporte. Pequeño de estatura, flaquito, cuando soplaba el viento debía asirme a los barrotes de las ventanas saltilleras para que no me llevara el aire. Dado a los libros en mis años de bachillerato sólo me aficioné al futbol americano cuando estuve en la Universidad de Indiana, años de 1967 y 68. Aquella temporada el equipo de los Hoosiers llegó al Rose Bowl. Ahí perdimos frente a la Universidad del Sur de California, 14 a 3 si la memoria no me engaña. Nos ganó casi solo un jugador llamado O.J. Simpson, que luego incursionaría en la pantalla y en el crimen. Muchos años debieron transcurrir para sanar la herida de aquel penoso vencimiento. El pasado lunes, el equipo de Indiana ganó el campeonato nacional de futbol americano colegial, superando al poderoso conjunto de la Universidad de Miami. Magnífica actuación de Fernando Mendoza, el quarterback de los Hoosiers, y sólido el apoyo de su defensiva. Después de esa histórica victoria del equipo de la que fue mi casa de estudios en el país del norte, se entenderá por qué ando ahora caminando como sobre nubes. Vi en la tele ese juegazo con mis hijos y mis nietos, ocasión que acompañé, como es de ritual, con un hot dog y una cerveza. Esto –lo del triunfo de Indiana, no lo del hot dog y la cerveza– fue para mí como un regalo de la vida, que es en sí misma un espléndido regalo... “Entre los asistentes a esta misa hay una mujer adúltera y un hombre que está teniendo relación ilícita con la esposa de su mejor amigo”. Esas dramáticas palabras pronunció el padre Arsilio en su sermón dominical. Añadió luego: “Si en la misa del próximo domingo cada uno de esos dos pecadores no deposita en el cepo de las limosnas un billete de mil pesos proclamaré sus nombres urbi et orbe, esto es decir ante la ciudad y el mundo. El dinero será para las obras de construcción del templo”. Llegó el siguiente domingo, y al final de la misa el presbítero tomó de nuevo la palabra: “Hermanas y hermanos míos: les tengo dos noticias, una mala y una buena. La mala: este pueblo está lleno de hombres cachondos, de maridos cornudos y de esposas infieles. La buena: todos los cepos de limosna de la iglesia se llenaron de billetes de mil pesos. Ya tengo lo suficiente para terminar la construcción del templo, y hasta me va a sobrar. Gracias te damos, Señor... FIN.
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