Inteligencia artificial: La receta del pastel

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

La diferencia nunca estuvo únicamente en conocer los ingredientes, sino en saber qué hacer con ellos. Con la inteligencia artificial ocurre lo mismo. Dos personas pueden usar el mismo modelo y obtener resultados distintos

Los pasteles existen desde mucho antes de que alguien pensara en ponerles velitas. Los egipcios ya preparaban panes endulzados con miel y, durante siglos, en Europa un pastel fue más un lujo que algo cotidiano. El azúcar era cara, los ingredientes escasos y cocinar requería técnica y cierto privilegio.

Después ocurrió algo interesante: la tecnología comenzó a democratizar el pastel. La producción industrial abarató el azúcar y la harina, mejoraron los hornos y aparecieron mezclas preparadas que decían qué poner y cuánto tiempo hornear.

https://vanguardia.com.mx/opinion/en-que-momento-nos-paso-esto-MD23209454

Hoy basta entrar a internet para encontrar gratis la receta de casi cualquier pastel. Hay videos que explican cada movimiento y los ingredientes están en el supermercado. En teoría, nunca había sido tan fácil hacer uno. Y, sin embargo, las pastelerías no desaparecieron.

El Globo existe en México desde el siglo 19 y La Ideal abrió hace casi cien años. Los supermercados venden miles de pasteles y, en cualquier colonia, hay alguien que empezó horneando en casa y hoy tiene clientes fieles. Todos conocen los ingredientes, muchísimos tienen la receta y aun así no todos hacen el mismo pastel.

Creo que esa es una buena manera de entender lo que está ocurriendo con la inteligencia artificial. Durante mucho tiempo, ciertas capacidades estuvieron reservadas a quienes habían estudiado una profesión, dominaban una herramienta o podían pagar a alguien que lo hiciera. Escribir, diseñar, traducir, analizar o programar requería conocimientos específicos.

Hoy cualquiera puede abrir ChatGPT y pedir muchas de esas cosas en segundos. Es como si a millones de personas les hubieran entregado una cocina equipada, los ingredientes y un enorme recetario.

Eso cambia el mercado. Habrá tareas que pierdan valor y trabajos por los que antes se cobraba que ahora podrán resolverse casi gratuitamente. Habrá empresas que descubran que parte de lo que contrataban puede automatizarse. Negarlo sería tan absurdo como imaginar que la industrialización no transformó a la panadería.

Pero de ahí estamos saltando demasiado rápido a otra conclusión: que si todos tienen acceso a la herramienta, todos podrán producir el mismo resultado. No funciona así, porque una receta no es un pastel.

Puedes entregar los mismos ingredientes a diez personas y obtener diez resultados distintos. Una sabrá cuándo dejar de batir; otra entenderá que ese horno calienta más de un lado; alguien ajustará una proporción porque conoce a quien va a comérselo. Y uno más, simplemente, tendrá veinte años haciéndolo. La diferencia nunca estuvo únicamente en conocer los ingredientes, sino en saber qué hacer con ellos.

Con la inteligencia artificial ocurre lo mismo. Dos personas pueden usar el mismo modelo y obtener resultados distintos porque una conoce el tema, detecta errores, hace mejores preguntas, conecta información, descarta lo irrelevante y sabe cuándo lo que aparece en la pantalla no tiene sentido. Ahí está el verdadero cambio: la IA democratiza herramientas, pero no democratiza automáticamente el criterio.

Por eso quizá estamos haciendo la pregunta equivocada cuando pensamos si la inteligencia artificial va a acabar con periodistas, abogados, diseñadores o programadores. La pregunta interesante es otra: ¿qué parte de lo que hacíamos era realmente conocimiento y qué parte era solamente tener acceso a la receta? Porque esa segunda parte acaba de perder muchísimo valor.

Si tu ventaja profesional consistía en saber utilizar una herramienta que los demás no conocían, probablemente tienes un problema. La inteligencia artificial va a presionar el valor de muchos trabajos técnicos. Pero si tu valor está en entender un problema, tomar decisiones, desarrollar una mirada propia, construir confianza, tener experiencia o distinguir entre una buena respuesta y una estupidez perfectamente redactada, entonces la historia puede ser distinta.

https://vanguardia.com.mx/tech/ia-y-automatizacion-asi-es-como-transforman-el-empleo-LM21875952

Las mezclas para pastel no acabaron con la repostería. Los supermercados no acabaron con las pastelerías. Las grandes cadenas tampoco acabaron con quien vende pasteles desde su casa. Lo que hicieron fue ampliar el mercado y obligar a cada uno a encontrar dónde estaba realmente su valor.

Hay quien quiere un pastel barato y quien está dispuesto a pagar miles por uno especial. Hay quien busca algo rápido y quien quiere algo único. Todos venden aparentemente lo mismo, pero no están vendiendo lo mismo.

Tal vez con la inteligencia artificial pase algo parecido. Muy pronto todos tendremos las mismas herramientas: empresas, estudiantes, profesionales, competidores y clientes. Todos tendremos acceso a la receta.

Y entonces recordaremos algo: tener la receta nunca fue lo mismo que saber hacer el pastel.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM