Israel, el Líbano y la receta para una guerra sin fin

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Estados Unidos negoció acuerdos paralelos basados en dos visiones contradictorias respecto del lugar del Líbano en el rompecabezas de la paz en Medio Oriente

Por Shlomo Ben-Ami, Project Syndicate.

TEL AVIV- A fines del mes pasado, el Líbano e Israel firmaron con Estados Unidos un acuerdo marco que la negociadora principal libanesa, Nada Hamadeh Moawad, describió como “un primer paso en el camino hacia el restablecimiento de la soberanía e integridad territorial del Líbano”. Pero como reconoce implícitamente el acuerdo, Israel no es la única amenaza contra la soberanía libanesa. Que las Fuerzas de Defensa de Israel se retiren del sur del Líbano está supeditado al «desarme verificado» de Hezbolá, milicia representante de Irán.

Los términos del acuerdo marco, negociado con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, contradicen los del último memorándum de entendimiento entre el vicepresidente estadounidense J. D. Vance e Irán. Este segundo acuerdo, mediado por Pakistán y Catar, está centrado en la reapertura del estrecho de Ormuz, e Irán dejó claro que dicha reapertura está supeditada al cese incondicional de la guerra de Israel contra Hezbolá y su retirada del Líbano.

Es decir que Estados Unidos negoció acuerdos paralelos basados en dos visiones contradictorias respecto del lugar del Líbano en el rompecabezas de la paz en Medio Oriente. El proceso de paz liderado por Vance (y que al parecer ahora fracasó) dependió en gran medida de las exigencias de Irán en relación con el Líbano, mientras que en el proceso mediado por Rubio, el conflicto entre Israel y el Líbano se trató como una cuestión ajena a Irán.

Vance es un oportunista político. Sabía que el presidente Donald Trump estaba desesperado por hallar una salida de la guerra con Irán y quiso dársela. De modo que encaró las negociaciones con Irán con un espíritu de rendición similar al del entonces asesor de seguridad nacional de los Estados Unidos, Henry Kissinger, cuando negoció la retirada estadounidense de Vietnam en 1973. Siempre que el resultado no fuera demasiado humillante («paz con honor», dijo Nixon en aquel momento), Vance lo iba a aceptar.

Tal vez Vance haya logrado complacer a Trump, quien alardeó en las redes sociales de que «a los mercados les encanta lo que está pasando». Pero algunos republicanos no se dejaron impresionar, y señalaron que el acuerdo contenía demasiadas concesiones a Irán (incluida la cuestión del Líbano). El senador Roger Wicker, presidente de la Comisión de Servicios Armados del Senado, declaró: «Creo que sería un error obligar a Israel a ceder ante Hezbolá».

Por ahora, parece que la diplomacia de Rubio se impuso a la blandura negociadora de Vance. Poco después del anuncio de Trump de que espera un «alto el fuego total en todos los frentes, incluidos el Líbano, Hezbolá e Israel», Israel lanzó un ataque a gran escala contra arsenales de Hezbolá en el Líbano, y ni el gobierno estadounidense ni el libanés protestaron.

Pero esto no implica el comienzo de un nuevo capítulo prometedor en la relación entre Israel y el Líbano. En 1983, casi un año después de que Israel invadiera el sur del Líbano, el gobierno estadounidense bajo Ronald Reagan consiguió convencer a Israel y al Líbano para la firma de un ambicioso tratado de paz. Pero este colapsó casi de inmediato, porque no tuvo en cuenta las intrincadas realidades sociopolíticas del Líbano y la imposibilidad del gobierno israelí de hacer concesiones estando en juego la seguridad en su frontera norte. La Primera Guerra del Líbano continuó otros dos años más, hasta que Israel se replegó a una «zona de seguridad» en el sur del Líbano, que mantuvo hasta mayo de 2000, cuando el primer ministro israelí Ehud Barak ordenó una retirada unilateral.

Hoy las circunstancias políticas del Líbano y el fortalecimiento de la posición regional de Irán hacen muy improbable un desarme total de Hezbolá. Al ponerlo como condición para la retirada israelí (sin incluir ninguna cláusula sobre un final del apoyo iraní a Hezbolá), el acuerdo negociado por Rubio sienta las bases para una parálisis permanente, guerra continua o incluso una escalada.

Desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, la paranoia de Israel está al rojo vivo y sus ambiciones expansionistas se desataron. Ahora Israel hace una interpretación más amplia del concepto de «amenaza para la seguridad», de lo que sirven de ejemplo su ofensiva implacable en Gaza y el avance continuo dentro de territorio sirio aledaño a los Altos del Golán. La mesura y el cálculo de riesgos ya no son parte de la doctrina militar israelí.

Ahora, el Líbano dio en la práctica a Israel licencia para seguir combatiendo a Hezbolá en su territorio soberano por tiempo indefinido. ¿Qué primer ministro israelí estaría dispuesto a retirarse del Líbano cuando Hezbolá está intacto y tiene el apoyo de Irán, y al mismo tiempo Israel tiene cobertura política para quedarse allí?

Por supuesto que Hezbolá no tiene ninguna intención de ceder. Su líder, Naim Qassem, prometió continuar los combates. «No hemos abandonado el campo de batalla en las circunstancias más difíciles», señaló, «y no lo abandonaremos ahora». El presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri (representante del partido Amal, que mantiene estrechos vínculos con Hezbolá) calificó el acuerdo como una «incitación a la guerra civil».

Está claro que las acciones militares de Israel son desproporcionadas, pero constituyen una respuesta a una amenaza real que las Fuerzas Armadas Libanesas no se han mostrado capaces de mitigar. La resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que puso fin a la Segunda Guerra del Líbano en 2006 exigía el desarme de «todos los grupos armados» (es decir, Hezbolá), pero ni el ejército libanés ni las fuerzas de la ONU (incluida la Fuerza Provisional de la ONU en el Líbano) lograron hacer que se cumpliera ese mandato internacional.

Rubio acierta cuando dice que el desarme de Hezbolá es el resultado más deseable. Pero en las circunstancias actuales no es realista. Estados Unidos tendría que haber liderado un esfuerzo internacional que limitara el control iraní del Líbano. Cortar el apoyo iraní a Hezbolá es el único modo de mermar su capacidad militar, reforzar la soberanía del Líbano y crear argumentos indiscutibles para que Israel se retire del país. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Shlomo Ben-Ami, ex ministro israelí de asuntos exteriores, es autor de Prophets Without Honor: The 2000 Camp David Summit and the End of the Two-State Solution (Oxford University Press, 2022).

Temas



Localizaciones



Project Syndicate produce y distribuye análisis originales y de alta calidad a una audiencia global. Con contribuciones exclusivas de destacados líderes políticos, legisladores, académicos, empresarios y activistas cívicos de todo el mundo, ofrecemos a los lectores análisis e información de vanguardia.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM