La 4T, un pudridero de corrupciones
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“Recuerda, Leovigildo, que soy débil de corazón”. Tal advertencia le hizo la recién casada a su flamante marido al empezar la noche de bodas. “No te preocupes –la tranquilizó él–. Eso queda bastante lejos de donde voy a andar”...“A mis años sigo persiguiendo mujeres” –comentó don Gerontino, señor de edad madura. Le preguntó uno: “¿Y las alcanza, don Gerito?”. “A veces –respondió el veterano–. Pero cuando las alcanzo ya no recuerdo para qué las perseguía”... Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, le pidió a Loretela, linda joven, la dación de su más íntimo tesoro, preciada perla que ella guardaba en reservado estuche para entregarla al hombre a quien daría el dulcísimo título de esposo. La casta doncella le respondió al labioso galán: “No soy partidaria del sexo antes del matrimonio”. Respondió Afrodisio: “Eso no aplica en mi caso. No tengo intención de casarme”... El Pudridero. Con ese torvo nombre es conocido el sitio del Escorial a donde son llevados los despojos mortales de los reyes y reinas de España antes de su reposo eterno en la llamada Cripta Real. El ingente monasterio fue construido por Felipe Segundo para celebrar la victoria de su ejército en la batalla de San Quintín, librada contra los franceses el 10 de agosto de1557, día de San Lorenzo. Extraño santo es ése. Fue martirizado acostándolo sobre una parrilla puesta al fuego. La piadosa leyenda narra que en su martirio dijo a sus verdugos: “Dadme la vuelta, que de esta parte ya estoy bien asado”. En su memoria, el Escorial tiene una traza arquitectónica que vista desde lo alto semeja una parrilla. Esa misma forma tienen los llamadores de hierro en las grandes puertas de la bodega de vinos San Lorenzo, en Parras, uno de los más bellos sitios de mi natal Coahuila. Todo lo anterior me sirve para decir que la absurdamente llamada 4T es un pudridero de corrupciones, mentiras, culpables ocultamientos e ilegalidades encubiertas y visibles. El derrame de petróleo en el mar, causado por Pemex, dio origen a un tejido de falsedades urdido por el régimen para negar la culpabilidad de la empresa estatal en ese desastre ecológico de vastas proporciones. La inexplicable e inexplicada renuncia de Citlalli Hernández a la Secretaría de las Mujeres, y el hecho de que Marcelo Ebrard haya usado el recinto de la embajada de México en el Reino Unido como casa de asistencias para su hijo, son otras muestras del desorden que en toda las ramas de la administración privan en el régimen actual. Tanto Hernández como Ebrard pagan las consecuencias de haber andado, como dice el texto bíblico, en concilio de malos. Otros hubieron de pagar el mismo precio cuando se dieron cuenta, demasiado tarde, de que estar con Obrador no era un honor, sino un grave deshonor. El desprestigio de haber acompañado al autócrata los acompañará el resto de sus vidas. Mancha indeleble es ésa. La llevarán también quienes siguen viviendo y medrando bajo la sombra del autócrata en el pudridero que creó, hecho por partes iguales de ambición, ineptitud y corrupción... Aquel marido les contó a sus amigos: “Mi mujer es muy egoísta. Por prescripción médica debo hacer el amor sólo una vez al mes, y mi esposa me exige que sea con ella”... En el tálamo donde consumarían su matrimonio el anheloso novio le preguntó a su dulcinea: “¿De quién son esos cabellos de oro?”. “Tuyos, mi amor”. “¿Y esos ojos de luz?”. “Tuyos, mi vida”. “¿Y esos labios de púrpura?”. “Tuyos mi cielo”. “¿Y estos maravillosos senos con perfección de cálices para beber en ellos el inefable néctar del amor?”. A esa poética pregunta respondió ella: “Hayan sido de quien hayan sido, ahora son tuyos”... FIN.