“La estupidez natural”; el valor de la escritura sin inteligencia artificial. El proceso terapéutico inherente en las letras que forman mi mundo interno
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Ayer una persona usó la inteligencia artificial para resumir uno de mis escritos maratónicos en redes sociales. La conclusión fue adecuada y precisa, muy lejos de la complejidad que contemplo en mi. Me dio curiosidad y pensé sobre lo que sería lo opuesto a la inteligencia artificial. Busqué. La primera respuesta que encontré fue: la estupidez natural. Si nos quedamos con términos solamente, puede que sí. Y claro que me hizo sonreír. Otra respuesta fue: la no-IA. Hmmmm... hasta Google anda en evasivas.
Encontré un pequeño artículo en el cual mencionan que con la IA se pierde la exploración de ideas y la incertidumbre que este viaje conlleva. Eso era lo que quería establecer, el valor de escribir un tratado enciclopédico en reacción a una experiencia. No pretendo que sea de valor para otros, pero sí lo es para quien escribe. ¿Cómo? Al comenzar a escribir, de esta manera, compartiéndonos con otros mientras procesamos lo que está pasando dentro de nosotros mismos, la escritura se vuelve un medio terapéutico. Preguntarle a IA lo que me está pasando no es terapéutico. Claro que puede aportar síntesis y orden a mi escrito, y si buscara un escrito para publicación desde una plataforma profesional, igual sería valioso y necesario. Pero, si lo que quiero es darme cuenta de lo que me está sucediendo y procesarlo, la escritura libre es viva.
En sesiones de terapia recomiendo a mis consultantes escribir, dejándose fluir en lo que va asomándose en el momento, en la manera en que el sentir se convierte en ideas que se plasman en trozos vivos de nosotros mismos. Para muchas personas no es necesario que alguien más lea eso que han escrito. Para otras, compartirnos así, de cara a la cámara y con el corazón transparente, nos aporta una manera de convivir con el mundo. ¿Se tiene que o se debe hacer de esa manera? No. A mis consultantes siempre les ofrezco la opción de leerles. Yo me comparto abiertamente y siempre me siento acompañada y vista. ¡Ah! Resuelvo así un par de necesidades básicas del ser humano, cuando menos en parte.