La guerra por la escasez del agua
Tanto pensé en esas visiones oscuras que ayer pasé una noche espantosa
“Has visto como pierde su alegría una fuente ya vacía cuando el agua le faltó, es la cosa más triste de este mundo...”. Hace días, mientras escuchaba esta canción de Armando Manzanero titulada “El Ciego”, acudieron a mi mente imágenes apocalípticas en verdad estremecedoras. En una de estas visiones aparecía la fuente de Las Ninfas, completamente abandonada. Ya no se posaba ni una sola paloma sobre las cabezas de esas deidades, pues en la fuente no había agua ya para beber.
En otra de las imágenes que desfilaron por mi cabeza me veía paseando por el fondo del lago de la República de la Alameda. No creas que estaba yo buceando. Si paseaba por el fondo del estanque era porque no había ya ni una sola gota de agua en este.
Tanto pensé en esas visiones oscuras que ayer pasé una noche espantosa. Cuando me encontraba en el más profundo de los sueños, una insoportable sed se adueñó de mi tranquilidad. Trataba de olvidar mi sed aferrándome a la almohada, pero era imposible dejar de pensar en una enorme jarra con agua. Después de una media hora de sufrimiento, decidí al fin levantarme y cuál sonámbulo caminé por la casa hasta llegar a la cocina. Abrí el refrigerador y me deslumbró el brillo de una jarra de vidrio rebosante de agua. La tomé con ambas manos y olvidando las enseñanzas de Carreño, desesperado comencé a beber sin que me importara que gran parte de aquel preciado líquido se resbalara por mi barba y cuello hasta llegar a mi pijama.
Aliviada la sed, me dirigí a mi recámara a dormir de nuevo, sin embargo, una pregunta arrebató mi sueño: Si la necesidad de agua hizo que se despertara un hombre de sueño tan pesado como yo, ¿de qué no será capaz este vital líquido?
Hace días leí en una revista que en el este de África el agua ha sido agente de cambios políticos. La estabilidad social en esta región del planeta depende de la cantidad de precipitaciones fluviales. Si no hay agua automáticamente comienzan los problemas.
Así como estos conflictos suscitados en tierras africanas, en la historia se registran violentas pugnas en la competencia por los derechos sobre el agua. Por eso es probable que la palabra “rivalidad” provenga del latín “rivus”, que quiere decir “río”.
Hay quienes creen que el agua nunca se acabará, pero tal vez cambien de opinión al saber que únicamente el 1.6 por ciento del agua sobre la Tierra es dulce, y la mayoría de ella es inútil para los seres vivientes, pues está estancada en la nieve y hielo de los polos y en las cimas de las montañas más altas.
Un científico de la Universidad Estatal de Michigan ha calculado que la producción de un solo huevo de gallina requiere alrededor de 454 litros de agua, una barra de pan necesita mil 136 litros, y medio kilo de carne requiere 13 mil 250 litros de agua.
En Saltillo ya sabemos lo que significa la escasez del agua. El rápido crecimiento poblacional, así como el auge industrial que estamos viviendo, han provocado la sobreexplotación de los principales mantos acuíferos que abastecen la ciudad. Pero, ¿quién tiene la culpa de esto? Quizás alguien piense inmediatamente en San Pedro, pues se ha olvidado de ordenar a las nubes vagabundas del inmenso cielo que descarguen sobre nuestra tierra su líquido bendito con la misma frecuencia que hace años lo hacía. Otros pueden echarle la culpa a los regiomontanos que provocaron un terrible incendio en el bosque de La Pinalosa. Tal vez tengan razón quienes esto piensan, pues se estima que un pino adulto puede llegar a despedir más de 100 mil litros de humedad. A pesar de todo, yo les puedo decir quiénes son los principales culpables de la escasez de agua.
Los principales culpables somos tú y yo. Si cada vez que abrimos la llave pensáramos que probablemente en un futuro batallaremos mucho más para conseguir agua, estoy seguro que utilizaríamos sólo el agua indispensable.
Seamos conscientes del problema en el que nos podemos meter. Guerras pueden desatarse solo por garantizar el abasto de agua para determinados países. Estamos a tiempo.
Es inevitable, en el futuro de nuestros hijos y nietos existirán problemas que les dificulten la existencia. Sin embargo, de nosotros depende que entre esos problemas no esté la escasez del vital líquido.
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